¿Soberbia yo?


Hace unos años salió un folletito que tenía como título «¿Soberbia yo?». La verdad creo que no lo leí nunca -lamentablemente-, pero siempre me encantó el título del folleto. Aprovechando que desde hace algunos días quería escribir sobre este tema, pues se me ocurrió usarlo como título de este post.

Todo se originó cuando, estudiando la materia del Doctor Alvira sobre «Poder, Gobierno y Autoridad», encontré anotada en mis apuntes, una cita de un personaje que decía más o menos así: «Yo soy muy humilde; y bien sabe Dios que no tengo motivos para ello».

La soberbia es un vicio bastante incisivo, que a cada uno nos pega. Se nos mete la soberbia hasta de lo más inverosímil. Desde hace muchos años he escuchado o repetido una anécdota de un frailecito que salió un día a predicar al púlpito (cuando aun no habían micrófonos). Y dijo más o menos: «Estoy muy contento, y quiero que ustedes también participen de esta felicidad; después de 30 años de estar luchando por ser humilde, al fin lo he conseguido». La soberbia se puede meter hasta de luchar contra ella.

Y se nos mete la soberbia de cualquier cosa, hasta lo más ínfimo. Es un vicio bastante incisivo.

Por otro lado, la virtud contraria a este vicio es la humildad, que tiene muy mala prensa. A veces se piensa que la humildad es andar con la cabeza agachada y no hablar ni defender sus derechos ni cumplir sus deberes. La gran santa Teresa de Jesús decía que la humildad es andar en verdad.

De hecho, busqué una frase de Cervantes y no la pude encontrar, pero más o menos dice así: «Aquella virtud sin la cual ninguna otra lo es», refiriéndose a la virtud de la humildad. A mí me gusta llamarla una virtud totalizante, porque abarca todo.

Y ya que cité a Cervantes -sin tener la cita textual-, me encontré que decía lo siguiente «La virtud es más perseguida de los malos que amada de los buenos».  

La soberbia es un vicio muy complejo. Se dice que la soberbia se muerte 24 horas después de enterrado el portador de la misma. Así que habrá que esforzarse a seguir el ejemplo de Jesús que nos recomendó ser «manso y humildes de corazón».

Nos vemos pronto