Mi mejor decisión decisiva

El 27 de agosto de 1997, a mis 32 añitos, tomé un vuelo de Taca de Guatemala a México, D.F. Vuelo que salía alrededor de las 5 de la tarde. Iba cargado con todo lo que podía, incluyendo una impresora que días ante había comprado; ah, y también una notebook recién comprada.

Después de 14 años de vivir en Guatemala, dejaba esa querida ciudad para trasladarme a una metrópoli un “poquito” más grande.

Ese día, el sistema de Taca se había arruinado y estaban haciendo en Checkin manual. Incluso las etiquetas de las maletas eran de las viejas, aquellas de colores y las iniciales de la ciudad de destino.

El avión se retrasó, cosa que no me importó lo más mínimo, porque no iba por un vuelo de retorno rápido, sino un vuelo que me llevaría fuera de Guatemala por dos años. Por aquello de las cuentas, realmente pasé en México 726 días, del 27 de agosto de 1997 al 23 de agosto de 1999.

Era el culmen de un proceso que se había empezado a fraguar en mayo de ese mismo año, aunque la idea la tenía desde hacía más año y medio.

Había realizado todo el proceso de admisión para acceder a la Maestría en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia (Medex) en el IPADE de la Ciudad de México. Me habían aceptado y el presidente de la escuela de negocios en la que trabajaba en Guatemala, me había negociado y conseguido beca a cambio de trabajar. Mil gracias hasta el Cielo don Adam por esta gestión.

Hay mil cosas que me empiezan a venir a la cabeza, pero creo que dejaré para otra ocasión contar algunas de las historias. Casi me he abrumado por los recuerdos.

Pero bueno.

Decisiones decisivas

En la primera sesión del curso de análisis de decisiones hago varias clasificaciones de las decisiones. Una de ellas es la importancia que puede tener una decisión: desde las decisiones operativas, pasando por las decisiones tácticas y estratégicas, hasta llegar a las decisiones decisivas.

Estas decisiones decisivas son aquellas sin las cuales nuestra vida no se puede explicar tal y como es. No son muchas en la vida. Son decisiones que te cambian el curso de tu existir. Son un parteaguas, o como dijo un colega hoy, “el Medex es un privilegio”.

Mi vida actual no la explicaría sin ese viaje tardío a México D.F. Es un parteaguas, una piedra miliar en mi vida.

Pasar esos dos años en México, trabajando, estudiando, aprendiendo, tratando de enseñar, me cambió totalmente.

Una decisión que me cambió la vida. Decisión decisiva.

Así lo experimentó Carlos, uno de los que llegaron el 13 de mayo a celebrar un aniversario de finalización del Medex. Pues Carlos me decía algo así: “el Medex me cambió la vida. Después que terminé el Medex dejé mi empleo y me independicé. Ahora estoy al otro lado del escritorio de mi anterior patrono”.

El Medex toca a la gente. La cambia. La cambia sin que lo note. Poco a poco nos va permeando ese estudio, esa discusión en equipo, esa sesión plenaria, esos almuerzos, comidas, desayunos, recesos; aprender de los demás, de la experiencia, saber oír, de vez en cuando hablar; conocer a cada uno de tus compañeros, sin llegar a conocerlos del todo.

27 años después de aquel agosto de 1997 celebramos nuestra finalización de la maestría: por eso los 25 años.

El aniversario 25 del 13 de mayo de 2024

En la actividad del lunes había generaciones de hace 30, 25, 20, 15, 10, 5 y 3 años. Prácticamente les he dado clases a todos desde los 20 para abajo. Así que no sólo fue volver a ver a mis compañeros -y tratar de reconocerlos- sino también re-conocer a aquellos colegas que fueron mis alumnos.

Así que fue un día de saludos: mano, abrazo, mano, como se acostumbra en México. A algunos no los recordaba, pero la sonrisa sincera terminaba siendo una buena forma de reconocernos.

Llegué a registrarme cuando ya había muchos platicando. El sonido reverberaba en la cafetería como nunca: empezaban las emociones. Y luego, reconocer caras y mirar de reojo el gafete para recordar el nombre.

La bienvenida nos la dio Lorenzo con una presentación simpática y con su gracejo habitual que nos hizo reír en muchos momentos.

Después del receso tuvimos un foro con cuatro profesores que versó sobre el “tema” del momento: las próximas elecciones presidenciales de México. Y también elecciones de las cámaras.

Después de un tiempo para que los que quisieran pudieran ir a Misa, fue el aperitivo y la comida. Y fotos… de un lado, de otro, de un lugar a otro.

Tiempo para compartir, para convivir, para recordar, para aprender, para reír.

Valió la pena aquella decisión decisiva.

Cuando me decidí ir a México a vivir dos años, sabía que era una decisión importante para mi vida.

Nunca calé ni llegué a imaginar lo que sería aquella decisión.

Carlos Llano el fundador del IPADE, decía que en esta escuela de negocios se “daba liebre por gato” dándole la vuelta al dicho de dar “gato por liebre”.

Y realmente a mí me tocó una gran liebre.

Y creo que a los más de 200 que estábamos celebrando un aniversario redondo, también han recibido libre por gato.

PS1.

Terminé de revisar este post y mientras leía las últimas palabras me recordé de aquella frase que le encantaba decir al Fundador del Opus Dei: «soñad y os quedaréis cortos». Una frase que se puede aplicar quizá para nuestras decisiones decisivas.

Una selfie durante la presentación de Lorenzo
Todos los Medex 97-99 (o bueno, los que salieron en la foto)… Llegamos cerca de 40 de 100.
Saliendo del aula
En un momento de abandono del letrero, me tomaron esta foto