Los grandes del Futbol






Hoy ponía un viejo conocido en su Facebook que agradecía las “vacaciones” del futbol internacional (especialmente de la liga española, que me parece es la que más desata pasiones en Centroamérica, aunque un poco menos en México). Y que precisamente, agradecía que ya no salieran publicadas frases como “Cristiano es mejor”, o “Messi es el más espectacular”, o “Mou ha ganado todo lo que ha querido…”. Efectivamente, tenemos unos cuantos días en los que esas frases dejaron de verse en Facebook, aunque se alargó un poco con el “sorprendente” (para mí) triunfo del América en México.
Pero no quería comentar sobre esto, sino sobre una situación bastante “rara” que se da en algunos deportes, y en concreto en el futbol. Y es sobre los contratos de los deportistas. Pienso que si ese tipo de contratos de trasladara a unos ejecutivos de empresas, tildarían a las empresas de esclavistas.
Pongo cuatro ejemplos recientes, y luego trato de analizarlos. El actual entrenador del PSG, Carlo Ancelotti, tiene contrato todavía por un año; él desea irse a dirigir al Madrid, el Madrid lo quiere, pero el dueño del equipo no le deja ir. Es decir, no puede renunciar a su contrato. El actual portero del Barcelona, Víctor Valdés, tiene todavía vigente un contrato hasta mediados del próximo año; anuncia que no va a renovar su contrato; y las noticias del periódico dicen que no saben si seguirá o no la próxima temporada. Se cuenta que cuando José Mourinho estaba ya en la cuerda floja (incluso, a inicios del año 2013), el Presidente del Madrid no lo despedía porque el contrato establecía que en caso de despido, el Madrid tenía que compensarle con una indemnización millonaria. El último ejemplo es el más reciente, y más sonado: la contratación del Neymar por el Barcelona; se dice que lo “compraron” por 57 millones de dólares.
Ancelotti: en cualquier empresa de negocios podría renunciar e irse con otra empresa sin problema. Eso sí, a veces los contratos ponen unas cláusulas con efectos legales para no trabajar en la competencia. Pero un entrador de futbol, necesariamente trabajará en la competencia.
Valdés: si tiene contrato, lo tendrá que cumplir el año que le falta. ¿Por qué se duda? Porque ahora el Barcelona lo puede vender y “sacarle” algo de dinero con esa venta. El próximo año, estará libre de irse a donde quiera sin ninguna claúsula de recisión. Por eso siempre se renuevan los contratos un tiempo antes de que se venda. La verdad suena bastante feo eso de “sacarle” algo de dinero a la venta de un futbolista.
Mourinho: resultó divertido al final, porque negoció con el Madrid, y el equipo no le pagó nada ya que él renunció a esos emolumentos para irse a entrenar a Inglaterra al equipo de sus amores (junto con el Inter).
Neymar: costó $ 57 millones porque el Madrid entró con una oferta; si hubiera ido sólo el Barca, hubiera costado menos. Hoy salía la noticia, que con sólo haber firmado el contrato el “valor de mercado” del futbolista había subido más de 10 millones de dólares. ¿Quién se beneficia principalmente de esta operación? En primer lugar, el  club que le vende; en esta caso el Santos de Brasil; en segundo lugar Neymar, quien verá incrementado su salario; en tercer lugar el Barca quien venderá en souvenirs muchos millones de euros; en cuarto lugar los patrocinadores de Neymar, quienes expondrán su marca ampliamente; y confiamos que en quinto lugar seamos los aficionados al futbol, y que la conexión Messi-Neymar nos dé muchos momentos de fascinación.
Me queda claro que el análisis que he hecho dista mucho de ser profundo. Sé que los contratos de los futbolistas o técnicos tienen una serie de cláusulas  que “complejizan” (así diría mi estimadísimo Mario Zavala) mucho esas relaciones deportivas. Pero siempre me han llamado la atención lo raros que son esos contratos: se firman tan blindados y luego se rompen tan fácilmente, que no me los logro explicar. También queda claro que mucho de esto se debe a las grandes cantidades de dinero que se invierte en los jugadores, y eso exige unos contratos adaptados a esas circunstancias… casi que terminamos con un nudo gordiano…

Hasta la próxima.