La miopía que nos atenaza (2). Vacaciones platicando con Carlos Llano (IV)


Estos días desde mi ultimo post han sido muy fecundos de estudio y de lecturas. Como sucede siempre que uno estudia, hay más cosas que me gustaría poder poner por escrito, memorizar para luego usar en clase; pero presiento que no pasará. La cantidad de frases maravillosas para aprender es enorme, y será difícil que las recuerde. Por supuesto que las tengo anotadas, para ver si las logro usar después… ya veremos si salen.

Hoy, por ejemplo, leía una que me servirá para el futuro, tanto para las clases como para la tesina que estoy escribiendo. Esta no viene de Carlos Llano sino de Francisco, el Papa. Dice así: «Sufrimos cierto exceso de diagnóstico que a veces nos lleva a un pesimismo charlatán o a regodearnos en lo negativo». El exceso de diagnóstico, según lo que he ido estudiando de Carlos Llano no es propio de un hombre de acción (entiendo y escribo hombre referido al ser humano: varón y mujer). Un hombre de acción hace el diagnóstico, que nunca será completo ni perfecto, y encuentra el problema, analiza las posibles soluciones, y decide por una. Al decidir, ha salido del diagnóstico, para entrar a ese ámbito maravilloso de la decisión, del escoger, de empezar a sudar por el riesgo que se ha tomado… aun así, todavía sigue más el proceso… porque no basta con decidir, sino que hace falta poner en acción lo decidido para llegar a la meta escogida. Por eso, una persona que se queda en el diagnóstico, nunca hace nada, nunca llega a la práctica, nunca se mueve a sí para alcanzar la meta (porque no existe meta) y menos mueve a los demás; por lo tanto es fácil que caiga en ese pesimismo charlatán, que dice Francisco, porque ninguna solución nos parece adecuada; y no nos parece adecuada, porque no es una solución «perfecta», que nos da certeza, sino que es una solución en la que corremos el riesgo de no conseguirla. Regodearnos en lo negativo es la otra alternativa que habla el Papa; quedarnos reclamando acerca de lo mal que está la cosa. Como esas conversaciones que a veces tenemos donde queremos arreglar el mundo, y al final lo único que logramos es tener una actitud «estólida» -tonta- de sólo ver lo negativo…

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Hace algunos años recibí un consejo de un buen amigo, para que me gustara la historia. Me dijo más o menos lo siguiente: «Si querés meterte en la historia, lo que debés hacer es leer biografías». Le hice caso, y empecé a leer biografías noveladas, y poco a poco me ha ido gustando mucho la historia (bueno, la historia «light»). La teoría detrás de este consejo es la siguiente: cuando uno lee una biografía suceden dos cosas: la primera es que la biografía de alguien te da un panorama alrededor del biografiado, por lo que te hacés a la idea de lo que sucedió en su tiempo. La segunda cosa que sucede es que al leer biografías, uno termina teniendo un amigo en la historia, por lo que si luego estudiás esa parte de la historia, ya tenés a un buen amigo allí hacia el cual hacés las referencias de lo nuevo que leés…

Pues así estoy leyendo un libro magnífico, que se lo he recomendado a unos colegas (espero que lo lean…). Se llama «Los amos de las finanzas (Lords of finance)» de Liaquat Ahamed… tiene un subtítulo maravilloso: «los banqueros que destrozaron el mundo». Se refiere a los cuatro banqueros centrales de USA, UK, Alemania y Francia durante la gran depresión de los años 30´s que inició con el crack de octubre de 1929. El libro está muy bien escrito, y remonta la historia personal de estos cuatro banqueros, hasta unos años antes, previos a la gran guerra de 1914-18… (Por cierto, hasta que hubo la 2a, a esta guerra se le conoció como la Gran Guerra…)

Maravilloso libro, que me ha cautivado (he tenido que restringir los tiempos de lectura para no caer en la tentación de leerlo de golpe; y así dedicarme a estudiar a Llano). 

Es una época que, por «azares del destino» me  ha tocado leer cosas recientemente. Leí en estos días también un maravilloso libro del Titanic, como ya he comentado en esta misma página. También hace unos meses leí sobre el torpedeado barco Lusitania durante esa misma guerra (escribí un post sobre esto, muy poco visitado: http://javierduarteschlageter.blogspot.com/2015/05/a-100-anos-del-barco-olvidado-el.html)

Así que me he empezado a interesar más por esta etapa de la historia -reciente todavía- que está cumpliendo los 100 años… este interés se traduce en descubrir muchas cosas de la época. Por otro lado, valga decir, que he descubierto también una cosa interesante: el papel de las finanzas y de la economía durante las guerras; nunca lo había visto escrito tan claramente, y tan explicado… el problema no se manifiesta tanto antes, ni durante, sino después de la guerra.

Durante los años previos a la gran guerra, todos los políticos decían y estaban convencidos de que era imposible que volviera a haber una guerra nuevamente. Es más, por lo que he ido leyendo, esta guerra les tomó a todos de improviso… de repente, en un lugar al Este de los países importantes, después un magnicidio, empezó a ponerse aquello «color de hormiga», y fueron interviniendo unos y otros, hasta que de pronto estalló una guerra cruel y despiadada. 



Las reacciones financieras de los bancos centrales -tema del libro- se concentraron en sostener el corto plazo, olvidando el largo plazo por completo… era lógico que así sucediera, pues se tenía que financiera la guerra para ya. Además, por lo que el libro menciona, la sensación de los involucrados, era que la guerra duraría para Navidad, y luego para mediados de año, y así sucesivamente…veían todo a corto plazo, siendo que la guerra se alargó por un poco más de cuatro años. Así que cuando se firmó el armisticio, todo Europa estaba desolada, especialmente Francia; Alemania gravemente enferma económicamente, Gran Bretaña endeudada de maravilla, y los USA, con el 80% del oro del mundo en sus arcas…

Las decisiones de esa época fueron muchas veces de corto plazo, sin tener esa visión de largo plazo que te ayuda a sopesar las dificultades que tendrás a posteriori. Algunos años después, el gran Winston Churchill, siendo Ministro (Secretario) de Hacienda, tuvo que tomar la decisión de regresar la Libra esterlina al patrón oro. Parece que fue una de las decisiones más difíciles que tuvo que tomar en su vida, porque tenía consecuencias malas a corto plazo -que empeoraba la situación de ese momento, que ya era mala- y consecuencias buenas a largo plazo… le comentaron a Churchill lo siguiente: «Si aceptas el patrón oro, se te echarán encima los ignorantes, los jugadores y los industriales anticuados; si no lo haces, se te echarán encima los instruidos y la posteridad». Se informó lo más que pudo, lo platicó, lo discutió, lo pensó, y al final se decidió hacerlo. Uno le sugirió «que debía  hacerlo, pero será un infierno»… Y algún tiempo después dijo: «ha sido el error más grande que he cometido en toda mi vida».

A veces para salvar el largo plazo tenemos que sacrificar el corto plazo. Y con frecuencia tendemos  a pensar más en el corto que en el largo. Llano definía la vanidad como «afán de logro a plazo cero», es decir, lo más cercano al ahorita, al ya, al momento actual, olvidando lo importante de largo plazo.

Quizá para este post lo que podría yo sacar más en claro es que siempre que tomemos una decisión, pensemos también en el largo plazo, no sólo en el ya. Y sopesemos adecuadamente las consecuencias en ambos plazos para determinarnos más adecuadamente por la mejor alternativa. Ya había comentado en otro momento que eso Carlos Llano lo llamaba diuturnidad… ese ver a largo plazo, nos quita la facilidad de equivocarnos por sólo ver el corto plazo.

Nos vemos pronto