Escuchar


He estado perdido. Ya lo sé. Pero aquí estamos de nuevo con un breve artículo y sin un nombre concreto, sino más bien genérico.

Esto de tener un blog es complejo. Tiene sus asegunes. Hace unas semanas, en una clase, un amigo casi me desanima de seguir con esto. Nos dijo: “ahora, cualquiera tiene un blog”. Eso fue  un golpe bajo, por la espalda, con premeditación y alevosía (José Mauricio es abogado, así que uso esa expresión legal), directo a los riñones, como los boxeadores… pero no se quedó allí el asunto. Porque cualquiera tiene un blog, pero “lo difícil es conseguir que te lean”.  Eso fue casi el acabose. Menos mal que hay estadísticas. Que pueden ser engañosas o de las cuales no se puede sacar conclusiones. Por ejemplo, dicen las estadísticas que a tal post han entrado 23 personas. Eso es claro que no quiere decir que los 23 lo han leído. En el caso más pesimista, los 23 empezaron a leerlo y después del primer párrafo, se dieron por servidos y no terminaron. El caso más optimista diría que los 23 lo leyeron y les terminó gustando más o menos, o sirviendo más o menos. El caso intermedio, diría que quizá unos cuantos –maybe  unos 10- lo habrán terminado de leer.
La verdad creo que no importa cuántos lo lean, es suficientemente valioso este instrumento con que lo lea uno solo, y le sirva, y saque alguna idea de allí. Muy probablemente el próximo mes de septiembre llegaré a las 10,000 entradas en el blog y también traspasaré los 50 post. No me lo imaginé nunca que pudiera escribir tanto… y tengo una serie de temas anotados sobre los que escribir.

Como he comentado en otras ocasiones, estoy estudiando una maestría que me facultará para hacer un doctorado. Y estos días he estado desaparecido porque estamos terminando de estudiar. El anterior post a este hablaba algo al respecto de las discusiones en equipo que hemos tenido. La verdad que para mí ha sido una “novedad nueva” (como dice un amigo) eso de trabajar en un equipo de gente pensante, inteligente y estudiosa. Durante la carrera universitaria tuve pocas oportunidades de estudiar con compañeros (de hecho, en mi año sólo era yo de estudiante). Luego en la maestría, tampoco estudiamos juntos mucho con mis compañeros (de quienes guardo un grato recuerdo,  y con quienes nos comunicamos con alguna frecuencia). Así que por primera vez tengo la oportunidad formalmente y con constancia, de cotejar ideas, de rebotar teorías, de escuchar las aportaciones de los demás, de dar marcha atrás ante una idea descabellada. Además, como para todos estos temas son totalmente nuevos, pues las discusiones son bastante enriquecedoras y con muchos descubrimientos. Una buena experiencia.

Esa capacidad de escuchar que muchas veces se ha perdido ahora. Que pensamos que tenemos capacidad de poner atención a varias cosas al mismo tiempo, cuando en realidad no es así. Quizá podría ser la conclusión de este breve artículo: escuchar a los demás.

Nos vemos pronto.