Sabemos que la vida está llena de alegrías y de tristezas; de gozos y de dolores; de luces y de sombras.
El domingo 20 de abril fue un gran día de alegría, de enorme alegría, por la Resurrección del Señor. Además, ese día, en San Pedro, Ciudad del Vaticano, el Santo Padre Francisco, se asomó al balcón a dar la Bendición Urbi et Orbi, y luego recorrió los pasillos de la plaza para saludar a los allí congregados.
Vi una noticia al respecto y la compartí en algunos de los grupos que tengo para estas situaciones. Personalmente me había dado mucho gusto ver al Papa allí, aunque me dolía mucho verlo tan mal de salud; y también con miedo por exponerse tanto al frío y al cansancio después de pasar varias semanas hospitalizados.
Creí, que en esos días de hospitalización el Papa nos iba a dejar; de hecho, estuvo varias veces a punto de fallecer durante esos duros días para su salud.
Susto
El lunes 21 de abril, regresando de ducharme, me acerco a mi computadora para conectar un audio mientras arreglaba la cama y me vestía. Tenía varios chats que casi siempre me llegan de madrugada y que sólo ojeo antes de conectar mi audio. Así que le di una ojeada a uno de estos mensajes, y descubro la triste noticia del fallecimiento del Papa.
La alegría de la Resurrección del Señor venía acompañada de la tristeza del fallecimiento del Santo Padre. Más cuando era inesperada ya… sabía que seguía en proceso de recuperación, pero no me imaginaba que tuviera un desenlace tan rápido.
Compartí la noticia y me puse a leer más detalles. Cosa que no he dejado de hacer desde ese día hasta el presente.
De hecho, no pensaba escribir nada sobre el tránsito del Papa a la casa del Cielo. Hay ya mucho escrito y se seguirá escribiendo durante varias semanas.
Pero a fin de cuentas este blog también manifiesta lo que llevo dentro del corazón, así que me decidí a poner algunas consideraciones y recuerdos personales sobre el Papa Francisco.
De hecho, a propósito puse de que en este blog escribo lo que llevo en el corazón, precisamente porque a Francisco le encantaba esta palabra, corazón. Su última Encíclica, está dedicada a la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, se llama Dilexit Nos, y la recomiendo vivamente para leerla y meditarla, porque a mí me encantó.
San Pablo VI

Cuando nací, gobernaba la Iglesia Pablo VI. Había sido electo en 1963 y reinó -como se decía antes- hasta 1978.
Recuerdo vivamente cuando el 6 de agosto de 1978, regresábamos de “temporar” en el Cuco, una preciosa playa en el litoral salvadoreño, aprovechando las fiestas agostinas en honor al patrón de la República de El Salvador.
Llegamos a media tarde en nuestro microbús VW naranja con el “cansancio propio del descanso”. Recuerdo haber bajado del carro que mi papá había parqueado frente a la casa, cuando salió mi hermano José Roberto, quien, por estudios, no había ido con nosotros a la temporada en el Cuco.
La casa en la que vivíamos tenía una reja y desde allí nos dijo la noticia “se murió el Papa”. Recuerdo muy bien el rostro de mi hermano y me entró una compunción enorme por el Papa. No lo había conocido más que en fotos; ni siquiera lo había visto en video o en la TV. Citando a un amigo: “como dirían los muchachos, eran otros tiempos”.
Así me tocó mi primera Sede Vacante (obvio, a mis 13 años, no tenía idea de este concepto).
Beato Juan Pablo I

A las pocas semanas nos enteramos de la elección de Juan Pablo I. Un Papa que fue una bocanada de aire fresco en la Iglesia. Se necesitaba en ese momento en la Iglesia y Dios nos lo mandó. Su sonrisa y su sencillez cautivaron a todo el mundo en pocos momentos.
Una mañana de fines de septiembre, regresando de la ducha temprano encendí el radio que teníamos José Roberto y yo en nuestro cuarto. Bueno, el radio era de él y me lo dejaba usar. Y oigo al locutor decir “ha muerto el Papa”. Pensé, inmediatamente, que este cuate andaba un poco atrasado, porque el Papa había muerto hacía más de mes y medio. Hasta que caí en la cuenta que era una noticia de ese día. El Papa de la sonrisa nos había dejado en poco más de un mes. Que Dios lo tenga en su Gloria pensé.
San Juan Pablo II

No recuerdo exactamente como me enteré del resultado del Cónclave de octubre de 1978, el famoso año de los tres Papas.
Como de San Juan Pablo II tendría mucho que escribir, prefiero no hacerlo, para no dispersarme de lo fundamental que quiero sacar hoy de mi corazón (otro guiño para Francisco).
27 años después sufrí -como casi todos- la muerte de JPII prácticamente en línea. Estábamos pendientes de la transmisión en vivo, cuando el Arzobispo Sandri (ahora Cardenal) anunció que JPII había partido a la Casa del Padre.
(Por cierto, mientras escribía esto volteé a ver a mi escritorio donde tengo una foto de JPII, firmada por él -bueno impresa su firma- con una reliquia de una de sus sotanas.)
Benedicto XVI

La elección de Benedicto XVI la seguí más de cerca (la tecnología era más avanzada ya) y así cuando avisaron que había habido fumata blanca, nos fuimos a conseguir una TV en la oficina. Estaba trabajando con mi querido amigo y colega Mario y, juntos, pudimos ver la salida al balcón del gran Joseph Ratzinger, ahora siendo el Papa Benedicto XVI.
Creo que de este Papa podría escribir también muchas anécdotas personales, (no tantas como las de JPII)… por de pronto, quizá dejar dicho que es una mente tan brillantemente grande como su humildad.
El 11 de febrero de 2013 estaba en Ciudad de México, tempranito en la mañana, esperando a Cut a que pasara por mí para llevarme al IPADE. Cuando en eso leo que B16 había renunciado al Papado.
Esto fue para mí un desconcierto y un desasosiego. Quedé “compungido” como le digo a un amigo.
Como anécdota, lo que más me desasosegó fue no tener a nadie a mano con quien compartir y “debatir” las consecuencias y efectos de esa decisión. Ya luego lo compensé…
Cuando falleció B16, el último día de 2022, fue algo esperado y no tan noticiable por ser Papa Emérito.
Francisco
La elección de Francisco me tomó en carretera. Iba manejando por una zona de poca señal. Me acompañaba Julio y nos detuvimos para tratar de seguirlo por celular, pero no salía el Papa.
Así que seguimos nuestro camino, pasamos la frontera entre Guatemala y El Salvador y a los pocos kilómetros, ya dentro de territorio salvadoreño, logramos ver la salida del Papa al balcón y saber quién iba a ser nuestro padre común desde ese momento en adelante.
Un buen amigo, escribió ayer mismo un artículo muy interesante sobre el Papa Francisco, que aquí linkeo para que puedas acudir a él, porque es muy completo.
Oraciones
Para terminar, te sugiero rezar por el alma Papa Francisco. Y también rezar por el Cónclave. Te adjunto dos oraciones para esto.
Descanse en Paz el Papa Francisco.
Oración por el alma del Papa Francisco
Oh, Dios, remunerador de las almas, concede a tu siervo difunto el papa Francisco, a quien constituiste sucesor de Pedro y pastor de tu Iglesia, que, por los misterios de tu gracia y tu perdón que administró fielmente en la tierra, goce con alegría junto a ti en el cielo para siempre. Por Jesucristo Nuestro Señor.
Oración por el Cónclave
Jesús, Camino, Verdad y Vida, junto con María, Madre de la Iglesia te imploramos: Envía tu Espíritu Santo sobre los pastores reunidos junto a la tumba del Apóstol Pedro. Manifiesta en ellos tu voluntad, para que elijan, con sabiduría y esperanza a quien tú quieres por Obispo de Roma y pastor común de tu Iglesia.
Concédenos a todos una mirada de fe, para reconocer en él a tu representante, seguirlo y colaborar con él en la misión evangelizadora de todos los pueblos de la tierra. Amén.


