A raíz del post anterior —La vida no es un juego de suma cero — un buen y querido amigo me hizo unos comentarios muy interesantes. (Adjunto al final en PS1 transcripción del WhatsApp de mi amigo)
Me escribía que los ejemplos que había puesto de cosas que aumentan al compartirse —la alegría, el conocimiento, el perdón, la generosidad— eran todos bienes intangibles.
Y me lanzó una pregunta que me dejó muy pensativo:
¿existen bienes materiales que también crezcan cuando se comparten?
La pregunta era y es, de buen calibre. Porque es muy claro que los bienes materiales que se comparten dejan de estar en mis manos. Un pedazo de pastel, si lo regalo, ya no me lo como yo. Si tengo un dólar y lo regalo ya no lo tengo.
Así que, pensando en general, podríamos decir que “los bienes materiales son suma cero”.
Bienes materiales que “crecen” cuando se comparten
Pero Iván tenía unos ejemplos de bienes materiales que en sentido estricto no son suma cero.
Me comentaba que eran tres ejemplos muy simples de suma no cero de unos bienes materiales. Y me ponía los siguientes ejemplos:
Un juego de mesa.
Unos walkie-talkies.
Un balancín en un parque.
Estos tres bienes materiales tienen una cosa en común:
no sirven para una sola persona.
Un juego de mesa sin otros jugadores pierde su gracia.
Un walkie-talkie sin alguien al otro lado es inútil. En sentido estricto, son dos walkie-talkies.
Un balancín necesita peso en ambos lados para funcionar.
Son objetos materiales, pero su valor depende de que haya alguien más.
Pensando un poco, se me ocurrieron algunos otros bienes materiales que necesitan a otros para tener sentido
Una pelota: puede jugarse solo, pero tiene más sentido cuando hay otro, por lo menos.
Una cancha: de tenis, de padel, de pickleball, están hechas para la interacción. Incluso aquellas canchas con pared, tiene más sentido cuando hay otro jugador, por ejemplo en el frontón y en el squash.
Un micrófono, solo tiene sentido cuando sirve para amplificar mi voz para que otros la oigan.
Una idea más generalista
Estos ejemplos me llevaron a una idea más general.
Hay bienes cuyo valor no está tanto en poseerlos, sino en poder usarlos con otros.
Una casa vacía tiene menos valor que habitada.
Un automóvil tiene más valor cuando se comparte con otras personas, como la familia.
Comer en la mesa del comedor es menos valioso que comer acompañado.
Las salas están diseñadas para ser compartidas.
También se podría pensar en bienes materiales -algunos también son inmateriales- que transmiten valor
Un libro solo tiene sentido cuando se lee y/o estudia. Genera conocimiento en muchos.
Lo mismo podría decirse de una película.
Una cámara, una computadora.
Quizá se podría pensar en que los objetos son finitos y limitados -como todo lo físico-, pero lo que transmiten no lo es.
El caso serio
Mi amigo Iván no se quedó en los ejemplos baladíes que me ponía de primero.
Se planteó y me planteó un caso más serio.
¿Qué pasa con el dinero?
¿Es susceptible el dinero de no ser suma cero?
¿Limitamos al dinero cuando pensamos que siempre es suma cero?
Iván me decía que le había dado vueltas a esta idea. Iván, economista de profesión y profundizando como hace con todo, me comentaba que podríamos ver el dinero no tanto desde una discusión ideológica o política, sino desde su definición más básica: el dinero como un medio de intercambio.
Tengo mucha relación familiar con economistas: mi papá, una de mis hermanas, su esposo y varios sobrinos son economistas.
Por mi parte, no estudié esta rama del saber tan interesante como criticada. Así que no me lanzaré a teorías económicas, sino quizá a cosas de experiencia vivencial.
Si vemos el dinero solo como un instrumento de cambio, por sí mismo, no tendría valor.
A ver, me explico, un billete guardado no alimenta, no viste, no construye, no cura.
A veces se dice que hay gente que tiene el dinero guardado bajo el colchón. Este dinero no sirve para nada.
Podríamos decir que el dinero solo adquiere sentido cuando circula.
Cuando se intercambia.
Cuando deja de ser “mío” en exclusiva.
El dinero y la suma cero
Si entendemos el dinero únicamente como algo que hay que acumular, volvemos a caer en la lógica de suma cero:
yo gano, otro pierde;
yo tengo más, otro tiene menos.
Pero si lo entendemos como lo que es —un instrumento para intercambiar—
entonces aparece algo distinto:
Aparece algo distinto: valor que se crea, no solo valor que se reparte.
Distinto es cuando ese dinero no se deja debajo del colchón, sino que se invierte en un banco, en una casa de bolsa o en un fondo de inversión.
Ya poníamos algunos ejemplos que quizá pueden volver a repetirse rápidamente de bienes materiales que generan más valor cuando circulan.
Una casa vacía vale menos que una casa habitada.
Un libro cerrado vale menos que uno leído.
Un negocio que no sirve a nadie vale menos que uno que genera valor para otros.
Porque el valor crece cuando entra en relación con los demás.
Al final, incluso en lo material, aparece una verdad que ya intuíamos en lo humano:
lo que no se comparte, se empobrece.
O quizá más dura la frase:
lo que no se comparte, nos empobrece también a nosotros.
No porque desaparezca, sino porque pierde su sentido.
Quizá por eso el problema no es tener mucho o poco, sino qué hacemos con lo que tenemos.
Porque ni siquiera el dinero escapa a esta lógica:
lo que se guarda, se estanca;
lo que circula, genera vida.
Y tal vez, al final, la verdadera riqueza no está en lo que acumulamos…
sino en lo que somos capaces de poner en juego.
PS1. Chat que me es escribió Iván
Los 3 ejemplos que pones de cosas que, al compartirlas, aumentan su valor (la alegría, el conocimiento, el perdón o la generosidad) son abstractas, intangibles. Eso me hizo preguntarme si existen objetos materiales con esa característica. Primero me vinieron a la cabeza cosas simples, como un juego de mesa, unos walkie-talkies o el balancín de un parque, pero después pensé en algo más «serio»: el dinero. No tanto desde un punto de vista capitalista, sino en su concepto más fundamental, como medio de intercambio de bienes aceptado por una sociedad. ¿De qué sirve tener dinero (o bienes) si no puedes compartirlos, en el sentido de cambiarlos por otros bienes?

