Triduo Pascual
Dejo aquí algunas consideraciones que escribí durante estos días finales de la Semana Santa de este año 2025. Casi no corregí lo que escribí en el momento correspondiente.
Jueves Santo
«Voy a ir yéndome». Decía un autor que era la frase más bonita en español, porque usaba el verbo “ir” en tres conjugaciones en la misma frase.
Pero realmente yo me “voy a ir quedándome”. Unos minutos, acompañando a Jesús en el Monumento de este Jueves Santo.
Hemos entrado al Triduo Pascual con la Misa en la Cena del Señor.
Es la celebración que conmemora tres grandes hitos de la fe cristiana católica: la institución del Sacerdocio, la institución de la Eucaristía y el nuevo mandamiento del amor.
La Misa tiene algunas características propias. Se dice el Gloria, canto que se ha omitido durante la Cuaresma (a excepción de las Solemnidades de San José y de la Anunciación-Encarnación). Y durante el canto de alabanza y alegría del Gloria, se tocan las campanas, que no volverán a sonar hasta la gran Vigilia Pascual.
Luego está el lavatorio de los pies, que trata de simbolizar lo que se ha leído en el Evangelio.
Después la Misa sigue igual que de costumbre, con algunas excepciones, ya que se añaden unos textos para decir «…que te presentamos en el mismo día…», «… el cual, hoy, la víspera de padecer por nuestra salvación y la de todos los hombres…».
Al llegar la comunión te puedes dar cuenta que el Sagrario está vacío, no hay formas consagradas allí… solo están las que se van a administrar hoy y las que mañana -que no hay misa- se dará durante los oficios del Viernes Santo.
Al finalizar la comunión viene la adoración de Jesús en la Eucaristía, donde se ha quedado por nosotros, hoy mismo.
Este día se canta completo el Pange Lingua, una obra maestra de adoración eucarística, que se atribuye al gran Santo Tomás de Aquino.
Hace 12 años, uno de mis primeros posts, versaba precisamente sobre este himno que es un dimetro trocaicto catalectico con rima bisilábica alternada.
Se queda el Señor resguardado en el Monumento. Es como un Sagrario especial para esta tarde y noche y toda la mañana del viernes santo.
Allí está Jesús… aquí estás Jesús.
Los Monumentos se adornan con profusión de flores. Cualquiera se inmuta al ver la belleza de las flores y al atisbar el amor que aquellas artistas hicieron para alabar y bendecir al Señor.
Hay un himno que se puede rezar después de comulgar que se llama el Triump puerorum, el canto de los tres jóvenes.
Es un texto tomado del libro del profeta Daniel cuando el famoso rey Nabucodonosor manda a tres jóvenes judíos al castigo de ser quemados vivos por no adorar la estatua del mismo rey.
Este texto va alabando a Dios y pidiendo que los animales, las estrellas, el firmamento, …, que todo alabe a Dios.
Tengo varias décadas de rezarlo frecuentemente. Y nunca me había preguntado por qué no salen las flores explícitamente en ese himno.
No las encontré… solo un «todo lo que germina en la tierra alabe al Señor». Allí están las flores. Que son inútiles desde el punto de vista de uso, pero son bellas, nos hacen gozar de colores y olores. Embellecen los lugares. Una flor entregada refleja cariño, amor.
En estos ámbitos los hombres somos más “brutotes” para descubrir la belleza y los significados de las flores, cosa que las bellas damas -todas- son mil veces más sensibles para esto.
Y que ellas y nosotros (los brutotes) también alabemos al Señor. Adoremos a Cristo presente en los monumentos del mundo.
Las luces también bendicen al Señor. El día y la noche, la luz y la oscuridad bendicen al Señor. Adoremos al Señor.
“Alabemos al Santísimo Sacramento del altar”, dice un bello cántico eucarístico.
Bendecir. Alabar. Adorar. A Dios. A Jesús, presente en ese maravilloso regalo de la Eucaristía.
Y como nos tiende a pasar, de la adoración pasamos a la acción de gracias. De la acción de gracias a la petición de perdón. Y de esta a la petición de ayuda.
Quizá el camino no sea en ese orden, pero esas son las cuatro cosas a hacer hoy en los Monumentos, y siempre con el Señor en el Sagrario.
¡Qué maravilla! «Yo estaré con ustedes, todos los siglos hasta el fin del mundo». Y aquí está.
Viernes Santo
Este día me salió este texto en una App que tengo, escrito por Santa Gertrudis.
“Oh Amor, que retienes a mi Jesús, mi dulce salud, tan fuertemente unido a la cruz que expira bajo tu mano, se muere de amor… Amor, hete aquí feliz, de aquí en adelante satisfecho, porque mi Jesús se suspende muerto ante tus ojos: muerto, verdaderamente muerto, a fin de que yo tenga la vida en abundancia; muerto, para que el Padre me adopte como hijo muy amado; muerto, a fin de que yo viva más feliz…
Oh muerte que das tantos frutos de gracia; bajo tu protección, mi muerte es tranquila y sin temor. Muerte de Cristo que traes la vida, la gracia, me refugio a la sombra de tus alas. Muerte de donde brota la vida, haz que una suave chispa de tu amor vivificante arda en mí para siempre. Muerte gloriosa, muerte fructífera; muerte, en suma, de mi salvación; amistoso contrato de mi rescate, pacto firme de mi reconciliación, muerte triunfante, dulce y llena de vida. Oh muerte de Cristo, que amo de todo corazón, tu eres la confianza espiritual de mi corazón. Muerte amante, en ti se contienen todos los bienes. Tómame, te lo ruego, bajo tu benevolente protección, a fin de que en mi muerte repose dulcemente bajo tu sombra.”
Este día es muy especial.
La liturgia -ese Cielo en la tierra- calla en su forma más excelsa: no hay misa. Solo unos oficios que se desarrollan en tres partes. La primera, la más larga, es la liturgia de la palabra, donde se lee la Pasión de Nuestro Señor según san Juan. También se hace una oración de los fieles mucho más larga que la ordinaria: se hacen peticiones por muchas intenciones y luego el sacerdote hace una oración: por la Iglesia, por el Papa, por el obispo…, por el pueblo judío, por los que no creen en Dios… entre la petición y la oración hay un momento de silencio o se pone uno de rodillas.
La segunda parte de la liturgia del Viernes Santo es la adoración de la Cruz. Es breve donde hay poca gente. Si hay mucho pueblo, se puede alargar buena cantidad de minutos. En algunas iglesias usan dos o más cruces para disminuir el tiempo de adoración, pues cada uno pasa a adorar la Cruz salvadora.
La tercera parte es la comunión. Las hostias consagradas el jueves santo se trasladan del Monumento al altar y después de unas oraciones se reparte la comunión para aquellos que están adecuadamente preparados.
Los oficios terminan con una oración. No hay ni bendición de parte del sacerdote.
Este día, es costumbre de muchas personas de rezar el Vía Crucis, esa piadosa costumbre de moverse por la iglesia siguiendo cada una de las 14 estaciones. Hay muchos y muy bellos Vía Crucis.
Aquí te dejo un Vía Crucis de un autor que me dijo quería seguir en el anonimato.
Acompañando a María en el Vía Crucis de Jesús
Madre mía, mamá mía, quiero ir contigo en el camino de la Cruz de tu Hijo amado. Haz que mi corazón lata como el tuyo y como el de tu Hijo.
1. Jesús es condenado a muerte.
Jesús, te veo golpeado y herido, apabullado. Vos me has permitido contemplarte sin ningún mérito de mi parte. Repartes dones, gracias y ayudas, a pesar de que te condeno a muerte con mis pecados.
- Jesús carga con la cruz.
Un pequeño dolor y lloro. Un golpe en el meñique y sufro. Vos te echaste encima la cruz, que te habrá herido, rasgado, porque era un leño. Un tronco que tiene el honor de ser tu trono, desde donde nos vas a redimir.
- Jesús cae por primera vez.
Ya voy descubriendo mi miseria y trato de ir más cerca de Vos y de tu mamá. Te veo tambalear y recuperarte. Pero a la segunda, te caés. Lloro. Sufre mi corazón por ese golpe que te das. Cuando te levantás, siento que con Vos lo puedo todo y sin Vos, nada.
- Encuentro de Jesús con su madre.
Ser testigo de esto es un privilegio. Aquella que te llevó en su seno, te cargó, te cuidó, ahora sufre con Vos. No se dicen nada y se dicen todo. Mis lágrimas -ya secas- por tu primera caída, se renuevan al ver que Vos y ella sufren como nadie ha sufrido jamás. Te acompaño junto a ella.
5. Simón ayuda a llevar la cruz de Cristo
Trato de ayudarte junto con Simón. Mi debilidad no me deja. Se ve que no me apoyo lo suficiente en Vos para ser fuerte. Sigo con tu mamá queriendo apoyarla y realmente ella es quien me fortalece.
6. Una piadosa mujer enjuga el rostro de Jesús.
Que gran detalle de esta mujer. Las mujeres son fuertes y no se arredran ante nada: tu mamá me lo vuelve a confirmar. La mirada de tu preciosa mamá hacia esta mujer es invaluable: agradecimiento, bondad, cariño, … amor. Seguro la Verónica ya es hija de tu madre.
7. Cae Jesús por segunda vez
A pesar de la ayuda de Simón te volvés a tropezar. Caés con un gran golpe. Sostengo físicamente a tu mamá que quiere ayudarte, pero no puede pasar. Ambos seguimos llorando al verte. Perdoname Jesús que no esté más cerca de Vos.
- Jesús consuela a las hijas de Jerusalén.
A duras penas logramos oír lo que le decís a aquellas mujeres. Ellas sí lloraban realmente. Y les das paz. En medio de tu camino de la Cruz andás repartiendo paz y alegría que llega y llena a todo el mundo. Se me hace que a la Verónica, como a éstas, les darás un cielo muy grande.
- Jesús cae por tercera vez
Al poco de llegar al Calvario, en la parte final, te volviste a caer. No pudimos hacer nada. Solo ver tu ejemplo cuando te levantaste. Tu mamá me apretaba con cariño. Como me hubiera gustado que ella me cargara de niño. Desde aquí no la suelto y ella me deja hacer. Y me sonríe.
- Despojan a Jesús de sus vestiduras
Que dolor verte tan humillado. Trato de evitar esto pero no puedo. No sé cómo llegan a taparte un poco. Tu mamá, mi mamá, recoge tu túnica después que la habían rifado. Yo la guardo con todo el cariño que puedo.
- Jesús es clavado en la cruz.
Cada martillazo es un dolor en el corazón de tu mamá. Trato de estar con ella, también sufriendo. Quizá mis pecados son esos martillazos, como también lo son las espinas que llevás en tu cabeza.
- Muerte de Jesús en la cruz
Sufriste con serenidad. Nuestra mamá se unió tanto a Vos que ha sido esa virgen dolorosa traspasada por siete espadas. Mi corazón empieza al fin a dejar esa suciedad al ver que te has clavado en la Cruz por mi. Gracias. Verte morir es redentor.
13. Desclavan a Jesús y lo entregan a su madre.
Los buenos amigos te bajan. Les echo una mano. Y dejamos tu cuerpo en las manos de tu mamá. Ha llorado como nunca, encogido su corazón y con esperanza de tu retorno. No hay dolor como su dolor.
- Dan sepultura al cuerpo de Jesús
Vamos a dejar tu cuerpo al sepulcro. Ya es santo ese sepulcro porque te ha recibido a Vos. Todo ha terminado. Acompaño a tu mamá a dónde se queda y le digo que estaré con ella siempre. Y en ese momento me doy cuenta de que es ella la que ha estado y estará conmigo, cuidándome.
Dios Padre Omnipotente y Misericordioso, que después del pecado de Adán y Eva estableciste que todos debemos morir, mira bondadoso a quienes hemos acompañado a tu Hijo en su camino de la Cruz. Te lo pedimos por Cristo Nuestro Señor. Amén.
Sábado Santo
Es un día extraño. Quizá un día dicotómico: solitario y acompañado; triste y alegremente esperanzador; de duda y de certeza; de desconfianza y de fidelidad.
No está Jesús en el Sagrario. Se me ocurre que después de la «enorme» adoración a Jesús en los monumentos del Jueves Santo, tenemos la desolación de que no está Jesús sacramentalmente.
No hay misa ni ninguna ceremonia litúrgica, ni siquiera como los oficios de ayer. Hoy es el día del silencio litúrgico.
Y es también el día de María Santísima. Al no estar su Hijo presente, ella sí está a nuestro lado. Y nosotros hemos de estar a su lado. De alguna manera debemos asir su mano, para que nos lleve.
Se me ocurre que debemos acudir a ella para pedirle consuelo y darle consuelo; para que nos acompañe y para acompañarla; para darle esperanza y para pedirle su grande esperanza; para darle confianza y pedirle que confiemos como ella confía… estaremos a su lado quizá dándole algo al mismo tiempo que estaremos recibiendo el ciento por uno que nos habló su Hijo.
Madre mía, que lindo estar a tu lado. Te acompaño para que me sostengas y me ilumines en mi camino. Quiero recibir tus caricias, como buena mamá que eres…
Y estaré a tu lado, en un rinconcito cuando tu Hijo te venga a ver después de dejar el sepulcro.
Vigila Pascual
Aleluya, Aleluya
“Qué bonita fue la Vigilia Pascual” me dijo un buen, gran y viejo amigo al acabar la Vigilia a la que acabábamos de asistir ambos. Una ceremonia de luz, de alegría, de memoria, de renovación, de vida, de resurrección
Toda la Semana Santa, la Semana Mayor, la Semana Grande se termina con la Vigilia Pascual. La muerte de Cristo se cambia en su vida, en su Gloriosa Resurrección.
Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado. Cristo, nuestra pascua, ha resucitado.
El breve lucernario; el cirio pascual; la velas; el pregón pascual; todas las lecturas, hasta 7 del antiguo testamento más la epístola y el evangelio. Todo es volver a la vida que había muerto el viernes.
La bendición del agua y los bautismos, la renovación de las promesas bautismales.
Domingo de resurrección
Este es el día del triunfo del Señor, día de alegría y de gozo
Es el día más grande del año, en el que conmemoramos el día más grande de toda la historia, cuando Jesús el Cristo el Hijo de Dios vuelve a la vida por su propio poder.
Al resucitar nos da el fundamento de la fe. Si no hubiera resucitado sería vana cualquier cosa.
Es un día de alegría grande, magna. Es un día inefable algo que no se puede explicar con palabras.
Ayer en la Vigilia Pascual se decía «oh feliz culpa que mereció tal gran Redentor». Son palabras que han quedado en mi memoria desde la primera vez que las oí.
Se refieren al pecado de Adán y Eva -ese pecado por el cual entraron todos los pecados-; y que ha sido el origen de toda esa economía de la Redención.
Dios se hace hombre. La segunda persona de la Santísima Trinidad asume la naturaleza humana y sin dejar de ser Dios empieza a ser hombre.
Predica el amor. Rompe esquemas inmemoriales y termina siendo condenado en la peor muerte que había inventado el hombre: en la cruz. Allí se entregó porque quiso, cumpliendo la voluntad de su Padre.
Allí sufrió y pagó por nuestros pecados y murió verdaderamente.
La historia no acaba aquí. Porque ha vuelto a la Vida. Ha resucitado.
Jesús ha resucitado. La vida pudo más que la muerte. Dios pudo más que el demonio.
Ahora tenemos esa esperanza de que el Cielo se ha vuelto a abrir para nosotros. Y nos ha dejado la ayuda de la Gracia a través de los Sacramentos.
Hay tanto escrito y estudiado de la Resurrección que sería imposible ponerlo por aquí.
La fe nos permite creer esto. Eso basta, aunque no impide estudiar más este evento histórico.
Por de pronto en estos próximos 50 días le rezaremos a María Santísima el Regina Coeli donde nos unimos a la alegría de la mamá de Jesús por la resurrección de su hijo.
¡Alégrate, Reina del Cielo, Aleluya!
G: Alégrate, Reina del Cielo, aleluya.
T: Porque el Señor, a quien has llevado en tu vientre, aleluya.
G: Ha resucitado según su palabra, aleluya.
T: Ruega al Señor por nosotros, aleluya.
G: Goza y alégrate, Virgen María, aleluya.
T: Porque en verdad ha resucitado el Señor, aleluya.
Oremos:
Oh Dios, que, por la resurrección de Tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, llegar a los gozos eternos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amen.
PS1
La foto de la portada me fue enviada por mi amigo Aldo. Es el monumento del Jueves Santo en la iglesia Santa María Reina de la Familia, en Cayalá, Ciudad de Guatemala.


