La vida no es un juego de suma cero

Gracias a la insistencia de uno de mis lectores -que ya no quiere leer mucho- me propuso que leyera este texto. Así que aquí está.. con algunos defectos, que espero ir subsanando en siguientes posts.

Mientras escribía sobre el éxito y sobre la Riqueza ajena, me vino a la memoria un concepto sumamente importante y que al mismo tiempo puede provocar confusión en algunas personas.

Es lo único

Quizá convendría poner un ejemplo de lo que quiero manifestar, antes de explayarme explicándolo.

Vince Lombardi, un legendario entrenador de futbol americano dijo una vez una frase, de esas que golpean: Winning isn’t everything; it’s the only thing”, que libremente podríamos traducir Ganar no lo es todo; es lo único.

Aunque con el tiempo el propio Lombardi intentó matizarla, la frase quedó grabada en el imaginario colectivo como símbolo de una mentalidad que muchos, consciente o inconscientemente, han adoptado para vivir: la idea de que la vida consiste, fundamentalmente, en ganar.

Y no es difícil ver esa lógica en muchas partes.

En el trabajo, en los negocios, en la política, en el deporte, en las redes sociales… y, tristemente, hasta en algunas amistades.

Suma cero

Muchas veces vivimos como si la vida fuera un juego de suma cero.

La suma cero es aquella situación en la que, si yo gano, tú pierdes: yo gano todo y tú pierdes todo: “el ganador se lo lleva todo”, como dice aquella famosa canción de ABBA.

Apuestas

Ahora que están tan difundidas las apuestas, si yo apuesto 100 dólares a que tal equipo gana un partido, y tú apuestas a que el contrincante ganará, uno de los dos se quedará con los 100 dólares y el otro se quedará con menos 100 dólares: suma cero. (No considero el empate en este ejemplo).

Ahora bien, no todo en la vida es ganar-perder. Hay muchas realidades que son ganar-ganar.

Hay situaciones que sí son de ganar-perder, pero no podemos trasladar esta mentalidad a todo el vivir humano.

De lo contrario empezamos a pensar así:

  • si otro prospera, algo me están quitando;
  • si otro sobresale, yo valgo menos;
  • si otro triunfa, mi fracaso se hace más evidente.

Hay gente que traslada la suma cero a muchos ámbitos y no sería correcto.

Covey

Hace años leí una anécdota que contaba Stephen Covey en su más famoso libro de los 7 Hábitos de la gente altamente efectiva.

Covey contaba que un matrimonio estaba en crisis porque ambos vivían como si su relación fuera un juego de suma cero.

Él, con cierta picardía, les preguntó si tenían hijos.

Cuando dijeron que sí, les hizo notar algo evidente:
para tener un hijo hacen falta dos.

Es decir, uno más uno no era dos… sino tres.

Suma cero y éxito

Trato de conectar ahora los dos posts anteriores con este tercero.

¿El éxito es suma cero?

Sabemos que el éxito no es el triunfo. Si yo triunfo, tú pierdes. En deportes prácticamente es así: solo hay un campeón en el Mundial de Fútbol, solo uno gana la Serie Mundial de Beisbol, hay un único campeón que levanta el Súper Tazón.

El que triunfa, habitualmente podría decir que ha tenido éxito. Eso sí, también quien no triunfa puede decir que ha tenido éxito.

Cuando uno piensa en ganar-perder, el éxito ajeno deja de ser motivo de alegría y pasa a percibirse como amenaza. Y, al contrario, la pérdida ajena pasa a ser motivo de alegría para mí.

Pero como hemos dicho -o tratado de decir-, la realidad no funciona necesariamente así.

León XIV

Precisamente mientras esbozaba este post, leí unas palabras de León XIV que me parecieron muy oportunas. Decía el Papa:

“En el mundo hay, en conjunto, mucha riqueza; sin embargo, el número de pobres aumenta… No existe un determinismo que nos condene a la desigualdad. En la base de las disparidades no hay una falta de recursos, sino la necesidad de abordar problemas resolubles relacionados con una distribución más equitativa de los mismos, que debe realizarse con sentido moral y honestidad.”

La reflexión es profunda porque apunta hacia algo importante: hace un llamado a ver una situación, no a proponer una solución.

El problema no es de escasez… es moral, ético.

No se trata de una simple redistribución al estilo Robin Hood. O como aquellos que decían: “soy casi como Robin Hood: le robo al rico, para hacerme rico yo”.

No vivimos en un mundo condenado inevitablemente a que unos ganen solo porque otros pierdan.

Muchas veces el verdadero problema está en el egoísmo, la corrupción, la falta de honestidad y la ausencia de virtud.

Pero el problema no es solo económico. Es mucho más profundo.

Porque cuando una persona vive convencida de que lo único importante es ganar, tarde o temprano aparece una pregunta incómoda:

¿Y por qué debería preocuparme por hacer el bien, si hacer el mal me beneficia?

Messori y Bobbio

Vittorio Messori

Esta frase la encontré en una anécdota del recientemente fallecido Vittorio Messori. Este hombre, mientras estudiaba en Turín, tuvo de profesor a otro agnóstico -como lo era en esa época Messori-. Era un filósofo llamado Norberto Bobbio.

El texto de Bobbio que me encontré decía así:

“La moral racional que proponemos los secularistas es la única que tenemos, pero en realidad es irracional.”

Y luego planteaba esta pregunta brutal:

“¿Por qué hacer el bien en lugar del mal, si hacer el mal me beneficia y no me perjudica?”

La pregunta puede incomodar, pero es profundamente seria.

Porque si no existe un fundamento sólido para la ética…
si no hay una razón objetiva para preferir el bien sobre el mal…
entonces toda moral termina reducida a gusto personal, costumbre social o simple conveniencia.

Y en ese escenario, la pregunta ya no es:

¿Qué es correcto?

sino:

¿Qué me conviene más?

Y allí empieza a desmoronarse todo.

La honestidad pasa a verse como ingenuidad.
La generosidad como debilidad.
La integridad como obstáculo.
La virtud como romanticismo poco práctico.

Porque si lo único importante es ganar… entonces cualquier cosa que ayude a ganar parecerá justificable.

Ya lo resumía una frase clásica atribuida a Maquiavelo: “el fin justifica los medios”.

Porque no todo en la vida es competencia.
Y lo más importante, casi nunca lo es.

La vida no es un juego de suma cero

Pero las cosas más valiosas de la vida no funcionan como juegos de suma cero.

La bondad de otro no disminuye la mía.
La inteligencia de otro no reduce la mía.
El amor de otro no me empobrece.
La virtud de otro no me amenaza.

Y tantas otras realidades en las que el éxito de otro no me reduce, sino que también me enriquece.

Hay bienes que, cuanto más se comparten, más crecen.

Por ejemplo: la alegría se multiplica cuando se comparte, el conocimiento se multiplica, el perdón, la dedicación de tiempo (la generosidad) y tantas otras cosas que son multiplicadores de valor y no suma cero.

Quizá por eso el verdadero éxito nunca consistirá simplemente en ganar.

Consistirá, más bien, en vivir bien.


Y vivir bien exige mucho más que simplemente derrotar a otros.