(Paréntesis) para celebrar 25 años


Mientras transcurren estos días en los que me estoy dedicando al estudio, se me presenta el día de hoy, 9 de julio, una fecha redonda en mi vida. Hoy hace 25 años empecé la aventura en la que todavía estoy embarcado. Precisamente,  el 9 de julio de 1990 empecé a trabajar en el Centro de Formación Profesional Tayasal, que actualmente es la Unis Business School.

Había originalmente pensado escribir un pequeño recuerdo en mi muro de Facebook para conmemorar este aniversario redondo. Pero la «mala maña» de escribir me ganó, así que se me ocurrió mejor poner otro post, por si a alguno le interesa leer…

En 1990, a los 25 años de edad, dejé de laborar en la Universidad de San Carlos de Guatemala, como Profesor Asistente del Departamento de Matemática de la Facultad de Ingeniería. Habían sido dos años trabajando allí, dedicándome a lo que siempre me había gustado, que era la matemática. 

Unos años antes, a mediados de la carrera de Matemática Aplicada, había descubierto que, sí, me gustaban las matemáticas (en plural, como casi todos dicen), pero que no me gustaban tanto como para dedicarme toda la vida a ellas. Así que sopesé qué hacer. Quizá no me planteé muchas alternativas, y terminé haciendo lo que me pareció más lógico, que era terminar la carrera y luego buscar nuevos horizontes en otros ámbitos.

Al finalizar la carrera, apliqué a una Maestría en Negocios en el extranjero, en la que fui rechazado por no tener experiencia de negocios ni por manejar la lengua de Shakespeare. Para ese entonces, ya había empezado a meterme a los ámbitos de los negocios, trabajando en ese lugar de enseñanza llamado Tayasal (como aún lo sigo llamando, pues el nombre oficial actual me parece un «nombre sin nombre»…) 

Al tiempo pude también aplicar a la Maestría de tiempo completo del IPADE. Tuve allí la oportunidad de hacer una entrevista con el Profesor Carlos Rossell Alvarez en la que empecé a atisbar más y mejor el mundo de los negocios. Al final, ya no pude irme a hacer esa Maestría; debió haber sido año 1993…

En esos primero años en Tayasal, habíamos estrenado una sede nueva, que se terminó poco a poco, y con grandes sacrificios y ayudas de terceros. Con paciencia y constancia fui recibiendo todos los cursos que daba Tayasal en esa época… y allí descubrí el mundo de las Finanzas. Así que quizá por el año 1992 empecé a introducirme a las Finanzas: me gusta decir que lo único que había hecho era escribir previo al número el símbolo de $, que todo lo demás era lo mismo de la matemática.

Meterse en los ámbitos de empresa fue difícil y fácil. Difícil porque era algo distinto a lo que estaba acostumbrado; fácil, porque tuve mucha ayuda y grandes enseñanzas de compañeros, jefes, profesores, familia.

El año 1996 fue el inicio de parteaguas. Recibo una llamada del Ingeniero Oscar Carbonell, Director de Admisiones del Master de tiempo completo del IPADE. Por recomendación del Dr. Rossell me contactaba, porque llegaría a Guatemala a hacer promoción del Master. Le dije que con gusto le ayudaría en lo que se prestara, y que de entrada llegaría por él al aeropuerto. Le comenté que llevaría un letrero con su nombre; y se rió, porque me dijo que no hacía falta, que él medía casi dos metros, así que lo reconocería rápido.. como efectivamente sucedió. Esta visita de Oscar se tradujo luego en un aumento de las relaciones académicas de nuestra pequeña escuela con el IPADE. Ese mismo año 1996, recibimos invitación de esta escuela para asistir al Claustro anual en agosto de ese año.

Así que el año 1996 tomé el avión para ir por segunda vez a México en toda mi vida. Había estado visitando las tierras aztecas sólo una vez previa, que había sido 26 años antes, en el lejano 1970, cuando con 5 años, visité ese país con mis papás. Todavía guardo algunos recuerdos de ese viaje remoto… En 1996, por su parte también dejó en mi memoria muchos buenos y agradables recuerdos. Quizá el primero fue conocer y saludar a la Morenita en su «humilde casa del Tepeyac» como dice invariablemente un sacerdote cuando empieza la Santa Misa en la Basílica (la de 7 am)… Pero también fue maravilloso conocer el IPADE y a algunos de sus profesores (allí tuve oportunidad de conocer a quien luego ha sido más que mi amigo, mi hermano Lorenzo). Nos trataron a todo dar (iba acompañado del Director de la Escuela, Luis Alberto Amaya). Regresamos con buenos contactos, amistades incipientes, mucho material y ganas de regresar. Eso sí, jamás se me pasó por la cabeza que pocos años después el IPADE iba a ser parte fundamental de mi vida; y mucho menos suponer las amistades que allí he encontrado.

En 1997 pude regresar al IPADE; allí, gracias a la ayuda de muchas personas (Carlos Rossell, Oscar Carbonell, Sergio Raymond, etc.) logré concretar mi llegada al IPADE para hacer la Maestría Ejecutiva… siempre y cuando pasara el examen de admisión… lo logré aprobar y me aceptaron… la aventura que se abrió el 27 de agosto de 1997 todavía no se cierra. Ese día por la tarde, salí para México, con la idea de pasar allí dos años y regresar. Pasé allí y regresé, pero he vuelto muchas veces a esa querida tierra llena de personas de gran corazón, de gran capacidad de trabajo, y muchas virtudes más, que no digo para que no se las vayan a creer…

A mi regreso la escuela en Guatemala había sufrido cambios muy fuertes, y la verdad, no fue lo mismo que antes de viajar a México. Así que en 2003 renuncié a mi trabajo administrativo en la Escuela, quedándome sólo como Profesor de la misma. 

Les agradezco mucho que en estos años me han seguido dando posada al mantener mi oficina allí…

En los últimos 17 años he dado allí casi 900 clases (sesiones) formales (es desde esa época en que empecé a llevar estadísticas -datos inútiles pero interesantes-)… He encontrado también allí muchos amigos y he admirado bastante el espíritu emprendedor del chapín (guatemalteco). Tengo la ilusión de seguir apoyando a la Escuela que me recibió con los brazos abiertos en el lejano 1990.

No quiero terminar sin recordar a algunas personas (no pongo a todos… hago de una vez la aclaración) … En primer lugar al buen hombre Ronald Cerón, quien infortunadamente nos dejó trágicamente en 1996. 

Luego, un especial agradecimiento a algunos que a lo largo de estos años me han enseñado y ayudado. Luis Alberto, Miguel Angel, Sergio, Alejandro (el compadre), Doña Magda y Memito. Y a quienes me siguen enseñando y ayudando: Vico, Henry, Maite, Mingo, Jervis, Chino, y  muchos mas.

Me encanta decir que cuando llegué en 1990,  ya trabajaban en la Escuela dos grandes personas, que todavía siguen colaborando calladamente, pero con gran eficacia para el funcionamiento de la Escuela: gracias Doña Lucy y Doña Juanita.

Y de último lo mejor… mi agradecimiento más especial a quien me ha querido como mi segunda mamá: Doña Auris, gracias por todo.