Lección inaugural CUCV

Lección Inaugural en el Centro Universitario Ciudad Vieja

Adjunto el texto que preparé para la lección inaugural en el Centro Universitario Ciudad Vieja el 25 de febrero de 2021.

Es un texto preparado para ser leído en voz alta, así que he dejado párrafos cortos, evitando el punto y seguido, para facilitar la lectura.

Me siento enormemente emocionado por estar aquí con ustedes.

La emoción hubiera sido máxima si me hubiera tocado presentarme físicamente en las instalaciones del Centro Universitario Ciudad Vieja.

Esas instalaciones que fueron mi casa durante 1892 días, que equivale a un poco más de 5 años y 3 meses.

Vine a vivir a Ciudad Vieja hace 38 años.

Esos cinco años en los que la resi fue mi casa fueron años de crecimiento enorme.

Llegué desde San Salvador a una aventura: hacer mis estudios de licenciatura en Matemática Aplicada en la Universidad de San Carlos de Guatemala.

En el Centro Universitario recibí mucho más que un lugar donde alojarme durante esos años de mi carrera profesional.

Me encontré con un ambiente propicio para estudiar, para trabajar, para aprender mucho, especialmente de cosas que no aprendía en la universidad.

Las tertulias culturales eran una maravilla; si alguien tiene ilusión de aprender muchas cosas, la resi era, y sigue siendo, un gran lugar para conseguirlo.

Pero lo que más me aportó el CUCV fueron amistades.

Amistades que han perdurado en el tiempo.

Incluso, con aquellas personas con quien ya no tengo trato habitual: siguen siendo mis amigos.

Lo descubro cada vez que me topo con alguno de ellos.

Seguimos siendo amigos.

Es lo que más valoro de los años vividos aquí.

Como nos pasará a todos, siento que estancia en la residencia fue hace poco: dos o tres años.

Eso choca con la realidad manifestada en los números dichos anteriormente.

Esa sensación de seguir siendo joven choca también con la realidad de que estoy dirigiéndome a ustedes con una lección inaugural de este año académico 2021, en una situación única en la historia de esta residencia y del mundo entero.

Inicio del discuro

Después de estas breves consideraciones personales, paso de lleno al tema que nos reúne.

Excelentísimo señor Rector del Centro Universitario Ciudad Vieja, Ingeniero y Diplomático Carlos Prera Flores. Presbítero Doctor Carlos Young Sarmiento, Vicario de la Prelatura del Opus Dei en Guatemala. Señor Presidente de la Asociación de Amigos del Centro Universitario Ciudad Vieja, Ingeniero Otto Kuhsiek. Estimado Señor Director del Centro Universitario Ciudad Vieja, Ingeniero Javier Arana Villatoro. Estimado Ingeniero Julio Sosa, Presidente de la Asociación de Ex Residentes del CUCV

(Aunque rompa nuevamente el protocolo, digo con mucho orgullo que las autoridades a quien acabo de nombrar, las considero mis amigos y a quien les tengo además de cariño, mucho respeto y admiración).

Estimadas autoridades académicas que nos acompañan en este evento.

Queridísimos residentes y exresidentes del Centro Universitario Ciudad Vieja que nos honran con su presencia.

Estimados amigos e invitados.

Me han pedido que esta lección inaugural verse, de forma breve, acerca de “Enfrentar una crisis y salir beneficiado: la pandemia y sus efectos en los negocios y en la vida”.

Guatemala vivió una crisis similar a la actual hace un poco más de un siglo.

Quizá vale la pena recordar lo que pasó en la Ciudad de Guatemala y en todo el país a finales de 1917 y durante 1918.

En diciembre de 1917 se desató un enjambre sísmico en la Ciudad de Guatemala.

Desde su traslado al Valle de la Ermita, se había creído que los barrancos que surcan este valle impedían los terremotos.

Sí podría haber unos cuantos temblores, pero nunca algo grande.

A las 10:20 de la noche del 25 de diciembre de 1917, empezó un violento terremoto en la Ciudad.

El terremoto más violento ocurrió el 3 de enero de 1918, que prácticamente arrasó a la Ciudad.

Y todavía hubo un ulterior terremoto a finales de enero de ese mismo año.

Pocos meses después, durante el segundo semestre de 1918, en este ambiente, se presentó un enemigo invisible.

La fiebre o gripe española apareció en Guatemala, probablemente proveniente de tres frentes: desde El Salvador, desde México y desde Puerto Barrios con los buques que llegaban a este puerto.

Guatemala tenía por aquellas épocas unos dos millones de habitantes.

Se calcula que los contagiados pasaron los tres cientos mil y los datos de las defunciones oscilan entre setenta y cinco mil y ciento cincuenta mil personas.

La actividad económica decayó, en especial la agricultura, donde incluso, en varias fincas, fallecieron desde el último empleado hasta el dueño.

Las exportaciones de café, el mejor rubro de exportaciones de la época, cayó un 14% ese año.

Fue la última pandemia que se había sufrido, que se dice, cobró cincuenta millones de vidas en todo el mundo, más que la primera guerra mundial que todavía se peleaba en Europa en esas fechas.

Pandemia de 2020

Todos tendremos grabado en nuestra memoria aquel lunes 16 de marzo de 2020, cuando las autoridades nos dijeron que nos quedáramos en nuestras casas.

Quizá, de manera optimista, pensamos que aquello duraría un par de meses, o quizá -para los pesimistas- hasta octubre o noviembre.

Henos aquí, casi un año después, siendo todavía afectados por el mayor desafío de nuestro tiempo como le han llamado algunas personas a esta pandemia.

Hemos vivido y seguimos viviendo una crisis sanitaria, medio ambiental, económica, social, política y antropológica.

Realmente es el mayor desafío de nuestro tiempo.

Pienso que difícilmente nos volveremos a topar con algo así en nuestra vida.

Así que lo mejor es sacarle el jugo a esta crisis.

De hecho, junto a dos colegas del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa, IPADE, de México, escribimos un pequeño libro en estos meses.

Al libro lo titulamos Un coloquio inesperado: cómo sacarle el jugo a una crisis.

Hicimos en primer lugar una edición electrónica que presentamos en agosto de 2020.

Recientemente, en noviembre pasado, publicamos la edición física.

En este coloquio, con coautoría de mis amigos y colegas Lorenzo Fernández Alonso y Federico D´Kuba Chavez de Ita, tratamos de plasmar algunas ideas en el área de nuestro expertice: las finanzas.

Acudimos al apoyo de otro colega quien nos refirió un marco conceptual de los modelos de negocios, que es uno de los elementos más importantes para sacarle jugo a una crisis cuando estamos en una empresa.

Propuestas de valor expiradas

Hace poco leía una frase, dicha por Alexander Osterwald, que decía así: los modelos de negocios y las propuestas de valor expiran, como expira un yogurt en el refrigerador.

Cuando leí esta frase, me llamó mucho la atención, quizá por dos razones.

La primera razón por la que me llamó la atención esta frase fue por su crudeza.

Ahora decir que algo expira es muy común, porque prácticamente todas las cosas que compramos traen su fecha de expiración.

Pero decir que un modelo de negocio expira.

O que una propuesta de valor expira.

Estas, sí son frases muy fuertes.

Hay muchas empresas que han dedicado miles de horas y miles de quetzales a hacer sus planes estratégicos, a presentar modelos de negocios; han invertido mucho trabajo en encontrar mejores propuestas de valor.

Así que, alguien venga a decirte que todo eso expira.

Que se termina.

Que ya no sirve.

Es muy duro de asimilar.

Pero creo que tiene razón.

La otra cosa que me llamó la atención de esta frase fue que la comparación fuera tan…  -como decirlo- “tan de la vida cotidiana”.

A mí jamás se me hubiera ocurrido comparar una propuesta de valor en una empresa con el vencimiento del yogurt en una refrigeradora.

Por eso me encantó la frase. 

Es una frase sencilla.

Tiene un sentido coloquial.

Y también me gustó por su veracidad.

A todos nos ha afectado la crisis.

Es el mayor desafío de nuestro tiempo, como dije arriba.

Supongo que, como probablemente ha pasado, todos nos hemos movido, nos hemos sacudido y salido de nuestro nivel de conformidad, de nuestra situación de comodidad en la que probablemente habíamos estado hasta que el COVID 19 nos vino a sacudir.

Pero quizá estemos todavía pensando que las cosas regresarán a cómo estaban antes de marzo de 2020.

Y no podemos seguir pensando de esa manera. Las cosas ya no serán iguales a cómo eran antes de esta pandemia.

No podemos cerrar los ojos a la realidad y pensar que todo será igual.

Crisis

El vocablo crisis es habitual en el lenguaje de negocios.

“Esta empresa está en crisis”.

O también en el lenguaje más coloquial como cuando decimos que “una persona ha entrado a la crisis de la edad adulta”.

La palabra crisis proviene del griego krisis (con k) y éste del verbo krinein que significa separar o decidir.

En el diccionario de la Real Academia se habla de siete significados de dicha palabra.

Pienso que dos de ellos pueden servirnos.

El primer significado dice así: “cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados”.

Y el otro, un poco más simple dice “situación mala o difícil”.

Si unimos estas dos definiciones con la etimología, llegamos a lo que había planteado hace un rato.

A que la crisis nos lleva al cambio, a la decisión, a salir de una situación mala.

De aquí se puede concluir que las crisis son buenas; siempre y cuando se sepan aprovechar.

Por lo tanto, conviene tener presente que no podemos andar echándole la culpa a otros o tratando de encontrar alguna “teoría conspiracionista” para explicar esto.

No. Lo que debemos hacer en primer lugar es saber que estamos en crisis, y empezarnos a plantear cómo vamos a salir de esta, cómo salir beneficiado de la crisis.

Quizá ya lo hemos hecho, y hemos logrado hacer cambios en nosotros y en nuestras empresas.

Pero quizá seguimos pensando que en algún momento las cosas tendrán que regresar a cómo eran antes. Imposible.

Aceptémoslo.

Estamos en crisis.

Como personas, como familia, como empresa, como ciudad, como Guatemala y en todo el mundo.

El brillante filósofo Leonardo Polo decía que, crisis significa que ciertos postulados se han agotado y que ciertos modos de afrontar la vida ya no responden a las nuevas cuestiones.

Cuando las circunstancias cambian y la forma común y corriente de hacer las cosas ya no funciona: entonces es cuando aparece la crisis.

Han caducado, ha expirado. Realmente todo termina. Y esa es la crisis.

El CUCV y la crisis

Pienso, por ejemplo, en la situación que le ha tocado vivir al Centro Universitario Ciudad Vieja desde marzo de 2020.

Me consta cómo han hecho esfuerzos por afrontar la crisis, y salir beneficiados.

Ha sido duro y seguirá siéndolo, pero creo que están por buen camino, viendo que el futuro no será igual al pasado: la crisis llegó para cambiarnos.

La pandemia en las empresas

Ha sido interesante que esta pandemia ha provocado cosas que nunca habían pasado en el mundo.

Por ejemplo, que se cerraran todos los países a simultáneo es algo nunca visto.

había habido cierres de varios países al mismo tiempo, pero no en todo el mundo.

Aquí entro en un tema que puede ser espinoso. Y pretendo tocarlo con la máxima delicadeza posible.

Supongo que la gran mayoría de los que estamos en esta reunión virtual, tenemos a alguien cercano que ha fallecido en estos días de reclusión.

Muchos de esos fallecimientos, ha sido provocado por el COVID-19.

A nivel micro -por llamarlo de alguna manera- hemos tenido muchos más fallecimientos cercanos a nosotros que en otros años.

Hace pocos días me decía un buen amigo que en el club social donde él está, cada año fallecen unos 20 ó 25 de los socios.

El año 2020, esos fallecimientos se duplicaron.

Les decía que todos tenemos personas cercanas que fallecieron en estos tiempos.

No quiero dejar pasar la oportunidad de referirme a mi querida mamá, quien era conocida como la Niña Margoth; ella nos dejó en julio pasado, en los momentos más fuertes de la pandemia, aunque no falleció por el COVID 19.

Todavía tengo grandes recuerdos de las veces que vino a esta residencia mientras yo hacía mis estudios universitarios.

Siempre quedó muy agradecida con el CUCV.

Y, sin profundizar mucho en el tema, en el oratorio de este Centro Universitario encontró el inicio de la solución a un problema serio que tuvo hace muchos años.

Razón de más para ese cariño que mi linda mamá tenía por esta residencia.

Pero retomo el hilo de lo que venía diciendo.

A pesar de todos esos fallecimientos cercanos que hemos tenido, las cifras absolutas de fallecidos siguen siendo relativamente pequeñas.

Y esto tiene que ver con las empresas.

Porque no es una situación similar a la de la fiebre española que recordábamos al inicio, donde en una finca morían desde el último empleado hasta el dueño de esta.

Las empresas no se han visto afectadas por esta situación, sino se han visto afectadas por las restricciones que han impuesto las autoridades: la cuarentena obligatoria; los toques de queda; restricciones de movilidad; limitaciones de capacidades de los locales comerciales; etc.

De hecho, ha sido muy interesante que en los países en los que hay bolsas de valores, éstas, han subido muchísimo con relación a cómo les ha ido a las empresas en dichos países.

Algunos autores afirman que no estamos ante una crisis financiera mundial.

Es decir que las empresas no tienen que preocuparse por una crisis como la sucedida en 2008 -la más reciente-.

No, ahora estamos ante otra situación.

Ahora hay sectores específicos muy golpeados y otros sectores muy favorecidos por la crisis.

No me quiero entretener mencionando los sectores más golpeados.

Quizá sólo mencionaré uno que en muchos países ha afectado negativamente, como es en el caso de Guatemala.

Es todo lo relacionado con el turismo, tanto interno como externo: hoteles, restaurantes, aviación, museos, cafeterías, transportes, etc.

No podemos dejar de mencionar que ha habido consecuencias negativas en general: pérdidas de empleos en el sector formal, incremento de los inventarios, subida de la cartera vencida, disminución en el consumo, caída de las exportaciones, etc.

Y en Guatemala, ha afectado mucho al sector informal.

Aquellas pobres personas que viven al día y que no han podido trabajar durante meses.

Pero lo importante ahora es cómo le sacamos un beneficio a la crisis.

Louis de Bonald, filósofo francés del siglo XIX afirmaba con precisión el principal problema de la crisis: “en las crisis, lo más difícil para un hombre honesto no es hacer lo que debe, sino saber lo que debe hacer”.

Cuando uno está en una crisis, no hay nadie que te diga lo que debes hacer. He allí el asunto.

Precisamente en esta línea, mi querido amigo y colega, Carlos Ruíz González nos escribía un símil de lo que puede pasar en una crisis.

“Supongamos que haces un viaje en barco y este se hunde; imaginemos que no alcanzaste lugar en una lancha de rescate, así que ahí estás, convertido repentinamente en un náufrago -y ciertamente, en crisis-

¿Qué harías?

“El primer pensamiento es flotar, no hundirse, sobrevivir.

Es bastante lógico, pero no deja de ser el primer paso; si solo usamos nuestra energía para flotar, acabaremos cansándonos y nos ahogaremos; aquí entra el segundo pensamiento -la segunda fase-; habrá que nadar hacia la orilla, hacia tierra firme para no morir ahogado; suena lógico también.

“´Pero ¿hacia dónde nadar?

Pues hacia donde veamos tierra firme.

¿Y si no la alcanzamos a ver?

Pues ni modo, suponemos hacia dónde está y nadamos en esa dirección; más vale morir luchando en el intento de salvarnos, que morir ahogados y por indecisión.

Sigue diciendo el Doctor Ruíz, “este ejemplo nos ilustra muy bien los dos pasos para salir de una crisis: primero, sobrevivir, pero no basta; el segundo paso es buscar cómo enfrentar la ‘nueva normalidad’”.

Hasta aquí las palabras de este ejemplo ilustrativo de cómo gestionar, en una empresa, esta crisis.

No perder de vista el corto plazo y el largo plazo (flotar y nadar).

Sin corto no hay largo y sin largo, el corto se vuelve miope.

Creo que ya he hablado mucho y he soltado bastantes ideas.

Trataré aquí de hacer un resumen que nos pueda servir de catapulta para decirle algo específico a mis queridos residentes del Centro Universitario Ciudad Vieja.

Estamos en una época de crisis, de cambio, donde los postulados anteriores se han agotado, donde nuestra respuesta vital a las nuevas cuestiones ya no es válida: estamos vencidos como el yogurt.

Nos enfrentamos ante situaciones nuevas, bastante desconocidas, una nueva normalidad.

Y tenemos que conjugar el corto con el largo plazo; tenemos que flotar y empezar a nadar.

Y nadie te va a decir qué tenés que hacer.

Pienso que todo esto nos ha de cimbrar.

Más bien, nos ha cimbrado.

Este verbo me encanta.

No es de uso común, pero me recuerda a mis grandes momentos futbolísticos que viví en el CUCV.

De repente, después de un córner, sale una volea y agarras el balón con todo el empeine.

La bola se dirige hacia el ángulo de la portería con el portero totalmente vencido.

Lamentablemente la bola se eleva un poco y golpea fuertemente en la escuadra y sale rebotada, alejándose de la gloria del gol.

Pero la portería queda cimbrándose, moviéndose, reclamando el por qué esa bola no entró para morir mansamente en las redes.

Pues así pienso que estamos.

Moviéndonos, cimbrándonos.

Sin saber hacia dónde nadar, porque ya de seguro todos hemos flotado.

Es hora de movernos, cada vez más.

Esta situación vino para quedarse de una u otra manera.

La educación en la crisis

Hace un momento mencionaba un sector muy golpeado en todo el mundo: el turístico.

También hay otro sector muy golpeado.

Quizá no tanto económicamente, sino en su misma naturaleza.

Me refiero a la educación, a la formación de profesionales, especialmente de los universitarios.

Este sector, del que todos ustedes participan, ha sido golpeado.

Algunos golpes han ayudado, pero otros han sido muy duros y han demeritado la educación.

Algunas universidades no estaban preparadas para lo que se nos vino.

Recibir clases en Facebook no ha de ser muy agradable.

Algunos estudiantes tampoco estaban preparados para poder recibir clases en sus casas, ya sea por falta de señal, o de insuficiente ancho de banda, o porque siendo varios en la casa, no había forma de recibir una buena clase.

Me imagino que todos ustedes habrán sufrido alguna cosa de este estilo, o quizá cosas peores.

Por el lado de los profesores también ha sido un shock.

Recuerdo esa semana del 17 de marzo tratando de ver cómo era la aplicación para dar clases.

Y aprender a conectarte, empezar a dar la palabra cuando alguien levantaba la mano…

Recuerdo cuando tuve que dedicar varias horas para re estructurar una clase que en condiciones normales salía sin ningún problema.

Poco a poco nos hemos adaptado a estas actividades en línea, que de alguna manera son siempre paliativos, un tratamiento o remedio de una situación, que no se será para siempre.

Aunque eso sí, creo que también esto llegó para quedarse. Hay una parte buena de la educación en línea que ha de aprovecharse.

Pero la educación no sólo es conocimiento.

Es mucho más que eso.

Aunque parezca una frase sin sentido, la “educación es educación”.

Educar es más que conocer.

Es dirigir, encaminar, doctrinar.

Es desarrollo o perfección de las facultades intelectuales y morales de las personas.

Para la educación hace falta convivir, ver a los ojos al profesor, a los compañeros, intercambiar puntos de vista, pensar, reflexionar con otros.

Como decía mi querido maestro Carlos Llano Cifuentes, “todo conocimiento es dialógico”; sin diálogo, sin discusión, sin intercambio de ideas, sin escuchar a los otros, no hay conocimiento, no hay educación.

Y de manera especial, hay algunas materias y/o carreras en las que la presencialidad es más necesaria que en otras. No sólo basta pensar en los laboratorios, sino en las prácticas; en la medicina, la odontología; las múltiples prácticas de las ingenierías.

En fin, la educación ha sido golpeada. Creo que ya todos estamos flotando y empezando a nadar.

Y considero que es importante apretarnos más; nadar mejor; sacarle más el jugo a la actual situación.

Ahora tenemos más tiempo, porque no tenemos que movilizarnos mucho.

Tener más tiempo tiene siempre un peligro.

El ser humano tiende, por naturaleza a exigirse cuando tiene poco tiempo; y cuando tiene mucho tiempo es más difícil exigirse.

Aprovechar los «placeres intelectuales» que se nos presentan.

Pero esta es la propuesta que les quiero dejar a mis queridos residentes del Centro Universitario Ciudad Vieja.

¡Tienen que sacarle más el jugo a esta época!

Aprovechar las horas.

Estudiar por tu cuenta.

Profundizar.

Buscar libros y estudiarlos.

Dedicar tiempo a hacer ejercicios, a memorizar, a adelantar en las clases, a aprovechar todo lo que se presente.

No sólo quedarte con lo que te están dando.

Qué bonito es sentarse a estudiar una materia durante tres o cuatro horas seguidas.

Ir dejando a la cabeza que piense, que entienda, que descubra, que grabe en la memoria lo que ha ido entendiendo.

No distraerse en esos grandes momentos de pensamiento.

Una de las cosas más agradables intelectualmente…

Realmente no sé cómo decirlo.

Pienso que se podría decir que es un “placer intelectual”.

Esta afirmación es un tanto sui generis desde el punto de vista filosófico.

Pero creo que como analogía es buena la frase…

Pues decía que un “placer intelectual” es cuando uno descubre algo… entiende algo que se negaba a ser entendido… en el lenguaje corriente se dice “me cayó el veinte” … o “me cayó la moneda”.

Esos descubrimientos tienen la maravilla de fijarse en nuestra cabeza.

No es conocimiento de otros.

Es mí conocimiento.

Es mío, mío, mío… yo lo descubrí.

Aunque quizá ya lo hubiera dicho alguien hace miles de años.

Pero para mí es nuevo, es algo que yo mismo he descubierto.

Cuando uno va teniendo estos “placeres intelectuales” el estudio empieza a ser cada vez más atractivo y, por lo tanto, vamos teniendo más descubrimientos.

Y entramos a un círculo virtuoso.

Este círculo virtuoso, acompañado por otras personas, resulta siendo una verdadera educación.

Vamos teniendo esa capacidad de “aprender de otros y de aprender con otros”.

Hace pocas semanas me decían esta frase que acabo de leerles.

Es una maravilla lo que tienen ustedes enfrente en el Centro Universitario Ciudad Vieja.

Aprovéchenlo para aprender a aprender.

Para que puedan educarse en el sentido estricto de la palabra.

Todos tenemos que educarnos, que formarnos, siempre.

Nunca debemos dejar de tener esta inquietud de estar aprendiendo.

Y de estar compartiendo ese aprendizaje a los demás, que se termina convirtiendo en un movimiento de dos vías.

Te comparto y aprendes; me compartes y aprendo.

Y así vamos mejorando.

Pienso que estas ideas pueden serles útiles para este año académico que estamos iniciando, que estamos inaugurando.

La pandemia nos ha pegado y hemos de enfrentarla más y mejor de cómo la veníamos enfrentando hasta ahorita.

Así, saldremos beneficiados, juntos.

Así lograremos prepararnos adecuadamente para el futuro que se nos aproxima.

 Cada uno tenemos que forjar nuestro futuro.

Les deseo que ese futuro lo forjen muy bien.

Muchas gracias.