Desde hace algunas semanas hemos empezado un proceso de Mentoring del que hay mucho que hablar y contar. Espero, en su momento, ordenar las ideas para escribir al respecto.
Hoy quería -y quiero- comentar acerca de un video que nos pasó quien nos está ayudando con el proceso de Mentoring en la segunda sesión de formación que nos ha dado.
Vimos unos minutos de un video al que Mario Alonso Puig responde a un par de preguntas.
Las respuestas me encantaron, así que anoté cómo loco para poder luego repasar estas ideas que allí soltaba.
También conocí un poco más de la biografía de Mario. Es médico y ejerció como tal. Parece que tenía una cualidad para “calmar”, “animar”, “empoderar” a sus pacientes… poco a poco sus colegas le empezaron a mandar a sus pacientes, y al final se ha dedicado a dar conferencias por todo el mundo siendo un gran coach… el más famoso de España (o vaya, uno de los más famosos).
Identificar el talento
La primera pregunta que le hacían a Mario es ¿cómo identificar el talento?
Creo que es una pregunta bien interesante de cara a todos los subordinados que una persona puede tener: empleados, colaboradores, alumnos, etc.
Y corremos el riesgo -a medida que nos vamos volviendo más carcamales– de pensar que ninguna persona joven tendrá mejores habilidades que las que yo tengo; y podríamos caer en el error de ver hacia abajo, de medio lado a la gente que “no tiene experiencia”.
Por otro lado, qué genial es ver como hay jefes que descubren personas talentosas entre sus dependientes. De hecho, Mario contestaba con una frase algo así: “si no se conocen los talentos de una persona -ni sus papás, ni hermanos, ni jefes, ni amigos- entonces, la culpa es de ellos, no del talentoso”.
Alguien tiene que descubrir el o los talentos que tiene aquella persona. Y son talentos que estarán en camino de desarrollo, son capacidades potenciales.
A veces, decía, que al talentoso también le cuesta descubrir sus talentos. Quizá algunas personas le dicen “oye, esto se te da bien”, y el talentoso no se da cuenta de que están diciéndole que tiene una habilidad que puede explotarse quizá en otro lugar. Como si no le dieran valor a aquello que le comentan.
Recomendaba Mario que teníamos que buscar el talento en lo natural, en lo de cada día, ya que el talento siempre deja huella, siempre se expresa. Manda mensajes y tiene muchas formas.
Y llegaba a un punto bien interesante: debemos de “mirar a cada persona como algo valioso, como alguien valioso”. Quizá esta razón ha sido por la cual Mario dejó la medicina para dedicarse a ayudar a personas: porque las veía valiosas, les sabía -y sabe- encontrar lo bueno, los talentos que tiene, y les anima y mueve a desarrollarlos.
Quizá nosotros hemos tenido a alguien que nos descubrió un talento, una habilidad que nos podría marcar -y nos marcó de hecho- para la vida. Yo recuerdo vivamente a dos mentores que me fueron animando a aprovechar los talentos que he recibido.
Y recomendaba Mario lo que otros llaman “mirada apreciativa”. Que en nuestro ChatGPT lo define así: “Es una actitud o enfoque que consiste en centrarse en lo valioso, lo positivo y lo posible, dentro de una persona, grupo o situación, en lugar de enfocarse en los errores, carencias o problema”.
Esta mirada apreciativa no es ingenua, no ignora los problemas, sino que elige empezar por lo positivo para construir soluciones más humanas que puedan ser sostenibles en el tiempo. Y que logremos potenciar la grandeza que tiene todavía escondida o limitada aquella persona.
Es un talento para desplegarse. Una grandeza en potencia.
Ojalá tuviéramos esa capacidad de ver talento…
La timidez y los genes
La segunda pregunta que le hace a Mario es de un educador.
Mario le comentó sobre Gandhi, quien tenía una timidez profundamente limitante. Hay un momento donde lo manda su familia de Inglaterra a Sudáfrica a ayudar a un problema a un pariente, y Gandhi ve allí una injusticia muy fuerte.
Y eso le sacudió sobremanera.
Y decía Mario: “cuando el corazón de un ser humano está tocado, el cerebro empieza a funcionar”. No es que antes no funcionara, sino que cuando hay algo que te cimbra, puedes desplegar capacidades que ni tú mismo te sabías.
Gandhi era un tipo limitado por la timidez. De repente se convirtió en una persona cuya simple presencia movía.
Y saliéndose de la anécdota, decía que la genética puede influir a una persona a no desarrollar alguna habilidad, pero no la determina.
Conozco a varias personas tímidas -que ellos me han dicho que son tímidos- que yo jamás lo hubiera pensado, porque se desenvolvían como si no lo fueran.
En el fondo, ese cimbrar el ánimo, el alma, es la motivación que podremos necesitar para salir adelante.
El Pocho

Me recuerdo que hace casi 40 años, tuve oportunidad de estar en una plática con Julio César Cortés, un futbolista uruguayo. Por aquella época era entrenador de la Selección nacional de Guatemala.
He conocido -de pasada- a varios futbolistas que jugaron mundiales-. Una vez vi a Jorge Valdano (Campeón del Mundo en México 86); en otras ocasiones he visto a jugadores mexicanos que jugaron mundiales.
Pero con el único que he podido estar cerca y oírlo contar cosas que no están escritas, ha sido el Pocho. Jugó tres mundiales con su Uruguay natal: 1962, 66 y 70.
La anécdota a la que me quiero referir fue en este último Mundial, el de México 70.
Brasil venía arrasando con todos, con la solución Zagalo, de poner a 5 jugadores que jugaban la misma posición y decirles que se fueran colocando como pudieran. Así iban ganando uno y otro partido, a pesar de tener una defensa un poco débil acompañada de un portero bastante malito.
La Semifinal se jugó en el estadio Jalisco en la bella Guadalajara (donde Brasil había jugado todos sus partidos). Uruguay siempre ha sido el cuco de Brasil desde el Maracanazo de 1950, que para los hombres de 1970, había sido solo 20 años antes.
Además de ser el cuco, los uruguayos jugaban con la “garra charrúa”, que a veces consistía en pasarse un poquito de patadas.
Pues -nos contaba el Pocho-en ese partido, Brasil no jugó nada bien. Fallaban los pases, no se movía mucho… y de repente una jugada descolgada y mete gol Uruguay.
El Pocho nos contaba que Brasil estaba desolado por ir perdiendo contra su bestia negra y porque no les salía nada.
El entrenador uruguayo había mandado a Roberto Matosas (me parece que era él) a que marcara a Edson Arantes do Nascimento, Pelé.
Según el Pocho, a Pelé se le respetaba mucho en la cancha; y aunque a veces se le entraba duro, siempre se le consideraba debido a su prestigio y fama.
Pues en ese ambiente, Matosas decidió tirar a Pelé en una jugada normal. Pelé, sentado en el suelo le extendió la mano a Matosas para que le ayudara a levantarse. Y Matosas cometió el error -en palabras del Pocho- de endilgarle un insulto al Rey Pelé. Aunque sé qué le dijo Matosas, no lo puedo poner aquí. Además, le pasó pateando la mano.
Recuerdo claramente la jugada, porque luego de esa plática con el Pocho he vuelto a ver escenas de ese partido. Y es impresionante cómo Pelé al ver la expresión y oír la frase que el soltó, dio un brinco como para pegarle. Pero se aguantó.
Y nos decía que a partir de ese momento el partido cambió. Pelé fue cimbrado y en ese momento se fue corriendo a buscar a cada uno de sus compañeros y a decirles “vamos, vamos a jugar, el juego bonito” (obvio en portugués).
Y Brasil empezó a carburar. Unos minutos antes del final del primer tiempo empataron con gol de Clodoaldo.
Y el segundo tiempo fue una aplanadora sobre Uruguay, quien terminó perdiendo ese partido.
El Pocho nos contaba que, en el entretiempo, todos los uruguayos estaban sumamente molestos con Matosas.
Dicho sea de paso, en el segundo tiempo Pelé le dio un codazo a Matosas que lo dejó turuleco . Y lo más simpático fue que el árbitro marcó faul a favor de Pelé.
Perdón por esta digresión tan larga. Espero que mi crítico número 1 (JE) no me regañe mucho.
Ya termino.
El ser humano siempre nos va a sorprender.
Si tenemos una mirada apreciativa, más nos sorprenderá.
¿Cómo miras a las personas?
Ojalá podamos buscar en los demás esas competencias y talentos.


