Con ustedes soy cristiano, para ustedes soy obispo

Escribo directamente del corazón al teclado. Todavía conmocionado, conmovido, azotado sentimentalmente y con la cabeza y la imaginación pensando en mil cosas.

¡Qué emoción!

¡Kemoción!, una palabra que quizá resume todo mi sentir.

Llevaba muchos días rezando por el nuevo Papa. Y la emoción de la incertidumbre me embargaba. No leí ningún artículo de «apuestas», de «favoritos», de «papables»… casi nunca le pegan…

Me quedé en la casa porque «sabía» a «ciencia incierta» que hoy sería el gran día. Estaba trabajando, revisando la edición de un libro de finanzas (las últimas correcciones); tenía a mi lado mi ipad encendida con la vista de la chimenea de la Capilla Sixtina.

Escuchaba el audio y en algún momento oí gritos y movimiento, pero no pasaba nada. Hasta que Alicia -la magnífica, como llamo a mi asistente- me escribe «habemus papam». Y le digo, «no, estoy viendo en vivo y no hay nada».

Pero obvio, volví hacia otros videos y se veía la famosa fumata bianca: así que dejé todo y me fui a la TV. Nerviosísisisisisisimo.

Nerviosísimo y rezando por el nuevo Papa, fuera quien fuera.

La emoción, al ver la Plaza de San Pedro llenándose, iba creciendo. Los rostros que veía en la TV eran maravillosos.

Estaba compartiendo mi señal del Ipad hacia la TV (tema clave para algo que pasó después).

Espera… un poco más de una hora. Platicando un poco, viendo a la gente, las banderas, la alegría desbordante. Aparecieron unas bandas (parece que el jubileo de las bandas), con la guardia suiza en medio.

¿Quién es tu favorito? Cualquiera. Será el Papa, el Dulce Cristo en la Tierra, el Vicario -el que hace las veces- de Cristo, el Romano Pontífice, el Obispo de Roma…

La cabeza clara… el corazón claro… los sentimientos súper confusos. Acudían las lágrimas de alegría (o esbozos de lágrimas).

Y de repente aparece el Cardenal Protodiácono Mamberti y dice «Anuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam«. Y en ese instante se trabó la señal del Ipad hacia la TV….

¡NOOOOOOOO! Tanta espera, tanta ilusión de ver y oír ese instante tan emocionante, y nos falla la tecnología…

Rápidamente agarré el teléfono, le quité el wifi y con la señal de Telcel (estoy en México) terminamos de oír el apellido «Prevost». (Mientras escribo esto logré ver completo el anuncio del Habemus Papam).

Y allí la emoción se desbordó por todo. No lo tenía detectado, así que fui a buscar rápido quién era… y descubrí, que somos colegas, pues es matemático también. Peruano de corazón, habiendo estado allí varios años como Obispo de Chiclayo. Nacido en Chicago (la única ciudad de USA en la que he estado unas cuantas semanas). Agustino, institución de la que fue superior unos años. Con menos de dos años de ser Cardenal y con un puesto importante en la Santa Sede.

Mientras salía, la oración por el nuevo Papa crecía. Y luego sale al balcón… «La paz esté con ustedes», su saludo inicial, como el del Señor Resucitado. Un saludo dirigido a todos.

Valdrá la pena meditar estas primeras palabras del Papa. Las había escrito, o por lo menos esbozado lo que diría. Fue maravilloso oírlo hablar en español.

«Cada Papa tiene su tiempo y cada tiempo tiene su Papa» se dice. Y ahora tenemos a León XIV.

A mí me da un poco de risa y un poco de enojo cuando leo algún artículo que dice «el Papa lo que tiene que hacer es…».

El Papa hará lo que tenga que hacer, sin que nadie le diga dónde debe centrar sus prioridades. Tiene toda su capacidad, su experiencia… y la gracia abundante de Nuestro Señor.

Tengo un amigo que me decía, con certeza: «será capaz y muy santo». Pues son dos buenas cualidades para un Papa.

A mí, a nosotros, nos queda rezar mucho por él. Estar pendiente de sus enseñanzas. Como me dijo otro amigo: «como que se esperarán documentos largos». Quizá. Tal vez. Ya veremos. Por de pronto, a empezar a Rezar por él.

Tuve la oportunidad de inmediatamente después de asistir a la Exposición Mayor con el Santísimo Sacramento donde he rezado y pedido especialmente por León XIV.

¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Por cierto, la frase que intitula este post, la citó el Papa en su primera alocución… citando al gran San Agustín de Hipona.