Procusto


He seguido leyendo, y en uno de los artículos que acabo de leer, me encontré nuevamente con Procusto, y específicamente, sobre el lecho de Procusto. La referencia del artículo que leí me llevó a buscar a ver si era lo que pensaba, y efectivamente era lo que pensaba. Así que transcribo un párrafo grande de Alfonso Aguiló sobre Procusto,y luego pongo unas consideraciones al respecto.

Procusto era el apodo del mítico posadero de Eleusis, aquella famosa ciudad de la antigua Grecia donde se celebraban los ritos misteriosos de las diosas Deméter y Perséfone. Era hijo de Poseidón, el dios de los mares, y por eso su estatura era gigantesca y su fuerza descomunal. Su verdadero nombre era Damastes, pero le apodaban Procusto, que significa «el estirador», por su peculiar sistema de hacer amable la estancia a los huéspedes de su posada. Procusto les obligaba a acostarse en una cama de hierro, y a quien no se ajustaba a ella, porque su estatura era mayor que el lecho, le serraba los pies que sobresalían de la cama; y si el desdichado era de estatura más corta, entonces le estiraba las piernas hasta que se ajustaran exactamente al fatídico catre. Según algunas versiones de la leyenda, la cama estaba dotada de un mecanismo móvil por el que se alargaba o acortaba según el deseo del verdugo, con lo que nadie podía ajustarse exactamente a ella y, por tanto, todo el que caía en sus manos era sometido a la mutilación o el descoyuntamiento. Procusto terminó su malvada existencia de la misma manera que sus víctimas. Fue capturado por Teseo, que lo acostó en su camastro de hierro y le sometió a la misma tortura que tantas veces él había aplicado.

A veces tendemos a acomodar las cosas a nuestro punto de vista. Se dice que las cosas se ven según el color del lento por el que se mira. Y es cierto. Aunque, me parece que para cuando debemos juzgar de cuestiones de familiares, de negocios, y en general, sobre cualquier juicio, es muy importante buscar una objetividad en los juicios.

Esto es muy difícil, porque siempre tenemos gustos, tendencias, deseos, y muchas veces juzgamos las cosas con esos gustos, tendencias y deseos. 

De hecho, uno de los «sesgos» que se estudia en la toma de decisiones va por esta línea. Hay un sesgo por el que suponemos que todas las personas piensan igual que mí mismo. Y así, cuando decimos algo, hay algunas personas que interpretan eso como Procusto: recortando o descoyuntando, disminuyendo o tergiversando. Estas ideas son importantes tenerlas presentes para hacer y decir las cosas claramente.