Sobre los sesgos de confirmación y disponibilidad
No solo pensamos mal… filtramos la realidad sin darnos cuenta.
Recuerdo que hace muchos años me contaron una anécdota. Era en una universidad, en la carrera de periodismo. Un profesor, de esos con colmillo y experiencia, empezó a dar su clase. Y, según creo recordar, entró una persona y se puso a gritar algo, habló con el profesor, gritó más cosas, y se fue.
Acto seguido el profesor les dijo a sus alumnos: escriban en una página, como si fuera una noticia, de lo que acaba de pasar ahorita en el aula.
Si había 50 alumnos, el profesor obtuvo 50 versiones distintas.
Cincuenta personas que ven la misma realidad y la interpretan de cincuenta maneras distintas. Sacan conclusiones distintas. Es muy interesante.
Hay ámbitos en los que los hechos son filtrados muy fácilmente: en deportes, en política…
La vida nos ha enseñado que no vemos la realidad “tal cual es”, sino como la filtramos.
Cada uno de nosotros, de alguna manera selecciona, simplifica e interpreta lo que vemos. Podríamos decir que la realidad no entra en bruto… entra filtrada.
El primer sesgo, el de Confirmación
Los hermanos Heath -Chip y Dan- escribieron un libro que en español se tradujo por “Decídete”. Son unos grandes divulgadores de sus investigaciones.
El contenido de ese libro gira alrededor de lo que ellos llaman “los cuatro villanos en la toma de decisiones”, sobre los que he tenido oportunidad de escribir algo en este blog.
El segundo villano en la toma de decisiones que exponen los Heath es precisamente el de Confirmación.
¿En qué consiste este sesgo? Es buscar información que nos confirme lo que ya creemos. O, quizá algo más fuerte, interpretamos la información que encontramos para confirmar nuestra opinión o nuestra decisión.
Esto suena como algo lógico. A nadie le gusta ver o recibir información que contradice lo que ya conocemos o sobre lo que pensamos o sobre lo que decidimos. Solo buscamos lo que refuerza lo sabido.
Me decía mi buen amigo Heberto que desde hace años hacía apuestas con su hijo sobre diversas cosas que él creía que eran de una manera u otra. Al final, decidió no apostar y cambiar el paradigma.
Quizá, siendo un poco más duro, podríamos afirmar que no buscamos la verdad, sino que buscamos tener razón.
Mis queridos amigos marketingueros dicen que uno refuerza -racionalmente- una compra, para confirmar la misma. De hecho, es horrible darte cuenta de que lo que has comprado no es tan bueno como lo que ves en el vecino.
Ahora tenemos buscadores como Google, diversas Inteligencias Artificiales que cada día están más “calidá”. Pensaba, a sugerencia de un gran amigo que, con estas herramientas, si queremos, podemos buscar información que ponga a prueba nuestras creencias.
Riesgo del sesgo de confirmación
Este sesgo nos presenta varios riesgos.
Quizá uno de los más serios, desde el punto de vista de la propia persona que está decidiendo, es que nos puede llevar a cerrar la mente. Por más que nos presenten la realidad de color azul, siempre la veremos verde.
Negar la evidencia de lo que vemos o leemos, puede llevar también a la falta de confianza en quien te presenta una opinión contraria.
También este sesgo refuerza los errores. Mi amigo que contaba en el post pasado que ve noticias sin filtrar, sigue haciéndolo, por más que le hemos dicho -varios- que coteje con otras fuentes lo que lee. La última noticia fake que me dijo fue: “se murió Iniesta” (el ex futbolista)…
Un último riesgo al que nos podría llevar este sesgo es la polarización. En ámbitos políticos y deportivos es muy divertido cómo este sesgo campea por sus anchas en toda la gama de opiniones polarizadas.
En un grupo de buenos amigos siempre tenemos una “discusión” de fútbol de un país muy conocido, con dos equipos antagónicos. Casi nos ponemos más felices cuando pierde el equipo 1 que cuando gana mi equipo 2. La verdad, nos lo tomamos a chacota la discusión.
Lo más simpático fue cuando uno de los de ese grupo dijo que él no iba ni con el equipo 1 ni con el 2, sino con el equipo 3. Allí sí se armó la de San Quintín. El más fan -por no decir radical- del equipo 1 pidió explicaciones de por qué tendrían que ir con ese equipo 3, que es un equipo perdedor y no sé qué más líos.
Ahora bien, quien se esfuerza por salir del sesgo de Confirmación tiene mi más grande admiración. Eso lo constato con frecuencia en los participantes de los programas en los que doy clases. Hay algunos que piensan una cosa y están seguros de ella. Cuando les dices que no es así, dudan, se molestan, se retuercen… al final, la realidad les cae como una piedra que aplasta su ego.
Quizá salir del sesgo de confirmación puede ser una buena terapia para la vanidad y soberbia intelectual.
Es descubrir que lo que uno sabe es muy poco. Como me dijo aquel sabio a quien conocí hace muchos años: “con lo que tú y yo no sabemos, se pueden llenar muchas bibliotecas”.
Siempre le he agradecido a Ignacio por esa frase que muestra una sabiduría llena de humildad.
El sesgo de Disponibilidad
Este es un sesgo distinto, pero complementario al de confirmación. Brevemente podríamos decir que lo más reciente o lo más impactante parece ser más frecuente.
Tengo un gran amigo que es de los que gusta leer el periódico en físico y no verlo digital. Está suscrito y con gran fruición recoge todos los días el diario para leerlo. Al mismo tiempo con frecuencia habla con personas que se dedican a la seguridad. ¿Cuál es el resultado? Él tiene la sensación de que en el mundo solo hay maldad, crímenes, robos, secuestros e intentos de secuestros, accidentes.
A veces le digo que toma la parte por el todo. Hay un accidente de avión, ya no hay que volar. Alguien estornuda, tiene gripe. Y así…
Nos divertimos con él por eso.
“Lo que más recordamos… no siempre es lo más importante.”
El sesgo de disponibilidad es un atajo mental: juzgamos la probabilidad de algo según lo fácil que nos viene a la mente.
Esto lleva a errores de juicio al sobreestimar riesgos impactantes y subestimar los frecuentes.
Existe una matriz, que seguro habrás visto alguna vez, y que se usa mucho en las empresas para ver la combinación de los riesgos con la frecuencia o intensidad de estos. No porque algo sea más catastrófico ocurrirá más frecuentemente.
Ya había mencionado el caso de un accidente de aviación. Que es catastrófico y se menciona mucho en los periódicos durante muchos días. Pero la probabilidad de morir en un accidente de avión comercial es súper baja. Basta ver una representación de todos los aviones que circulan por el aire diariamente que llegan a su destino sin ningún percance.

Este sesgo está muy claramente asociado al sistema 1 de Kahneman que mencionamos en el post anterior ya que de alguna manera el cerebro busca rapidez sobre precisión, confiando en la memoria inmediata y no en análisis complejos.
Mis amigos marketingueros cuando hacen encuestas, tienden a preguntar sobre el conocimiento de la marca. Obvio mientras más publicidad o mercadeo haces, la marca es más conocida y por lo tanto, -que es lo importante- más probable que la compres.
Conectemos ambos sesgos
El sesgo de confirmación lo que hace es filtrarnos la información la que confirma nuestras opiniones.
El sesgo de disponibilidad nos distorsiona la memoria para pensar en lo más reciente, lo más impactante o lo más repetido.
“Primero filtramos lo que vemos… luego exageramos lo que recordamos.”
A veces estos sesgos pueden ser tan fuertes en una persona que casi que vivimos en realidades distintas. O podríamos caer en discusiones estériles. Decisiones mal informadas es otra consecuencia de estos sesgos.
Defensa
Aunque ya he comentado arriba algunas ideas que se me ocurren sobre cómo salir de estos sesgos, podríamos juntarlas aquí: buscar información en contrario a lo que pensamos, opinamos o decidimos.
Preguntarme, “¿y si estoy equivocado?”. Por último, saber distinguir entre lo frecuente y lo llamativo.
Nosotros conocemos muchas cosas, pero no las conocemos todas ni en su totalidad.
Tratar de entender cómo pensamos y cómo nos equivocamos no nos hace perfectos… pero sí nos puede ayudar a mejorar en nuestra toma de decisiones.
Aclaración
No soy, ni pretendo ser experto en sesgos, en economía conductual, en psicología o en teoría del conocimiento -la famosa gnoseología-, ni en lógica.
Algo he estudiado de estos temas, pero nunca me consideraré un experto en el tema.
Escribo desde mis limitados estudios y de mis experiencias personales y con ayuda de la IA -filtrando lo que me dice-.
Gracias a Dios también recibo retroalimentación de buenos amigos que me van sugiriendo correcciones y ampliando horizontes.
Cuando empecé mi blog hace ya 13 años, lo hice por una “necesidad” de transmitir mis experiencias a otras personas que quizá les podrían servir. Además, después de estos años lo he visto también como un desahogo intelectual de cosas que leo, estudio, me pasan en la vida.
Desde que descubrí mi vocación docente -hace ya más de 50 años- siempre me ha gustado explicar lo que sea. Yo digo que lo que me gusta es dar clase, independientemente del tema que sea. Por supuesto que tengo mis temas propios, pero en este blog –multis argumentis, que podría traducirse “de muchas cosas”- me explayo hasta en temas que no conozco como mis temas de experiencia.
Así que bienvenidas cualesquiera comentarios, sugerencias, correcciones y demás.

