Cuando las personas no son los problemas, entonces los problemas son las personas

Esta frase me la dijo mi amigo Memo hace ya casi un semestre, cuando platicamos después de algunos años de no comunicarnos mucho. Me contaba de su situación laboral y de lo que esperaba pronto conseguir. Entre otros temas me contó algunos problemas que había habido en la empresa para la que trabajaba, y me soltó la frase que encabeza estas líneas. La verdad, me la dijo en inglés, y como no soy muy ducho en la lengua de Shakespeare, tuve que pedirle me la repitiera. De hecho, la usé para un post de febrero o marzo de este año.

 

Pues hoy terminamos -junto con unos 25 colegas del IPADE- el curso anual que esta Escuela de Negocios imparte para sus profesores, sobre Antropología Filosófica. Debido a las actuales circunstancias, todo fue remoto y además tuvieron que reducirlo, así que sólo trabajamos por las mañanas, en lugar de tiempo completo durante una semana.

 

La carga casi total la llevó consigo Alejo -Alejandro pues-. Conocí a Alejo en 1998, cuando nos dio unas cuantas clases opcionales de Antropología mientras hacía el Máster en Dirección de Empresas para Ejecutivos con Experiencia. Esa fue la primera vez que lo vi en el aula. En ese momento me pareció increíble tener a un ingeniero químico hablando de antropología filosófica; luego me enteré de que también era doctor en filosofía. Me gustó su forma de dar clase, muy tranquila; distinta al modo habitual de los profesores del IPADE que tendemos a ser bastante eléctricos o, por lo menos, muy movidos. Alejo siempre mantiene el tipo y va soltando y desgranando conceptos, concatenando unos con otros, tal cual concatena el Excel las celdas adjuntas (usando la función de Concatenar).

 

Luego me apunté a otro curso que dio en Guadalajara, ya quizá a finales de 1999 o inicios de 2000. Siempre procuraba apuntarme a lo que fuera a impartir. Cual sería mi sorpresa y alegría cuando me enteré de que le habían contratado en el IPADE nuevamente; había trabajado un tiempo antes de hacer su doctorado en filosofía; y después de años fuera, regresaba. Llegó a transformar el área de Filosofía y Negocios de la Escuela, dándole un enfoque centrado en la persona. Poco a poco fue creando material, que -usado en el aula- ha ido generando más material. Porque la verdad, después de estudiar un caso con Alejo, te dan ganas de ir a contarle toda tu vida para que te ayude a aterrizarla.

 

Pues así fue toda esta semana. Día a día, revisando casos de diversos personajes, todos reales, que le han ido a contar su vida: algunos para pedir ayuda; otros para que los futuros participantes del IPADE no vayan a cometer los errores que ellos cometieron. De hecho, vimos un caso de un personaje que tenía 83 años, y que contaba, con sinceridad pasmosa, todas las cosas que le desviaron de un camino de felicidad, confundiendo el éxito con ésta.

 

La forma de dar los casos de Alejandro es muy simpática: primero ve los hechos más relevantes, y luego “nos vamos a la nube” como le gusta decir. En ese momento, entramos a la parte teórica del tema a tratar: allí Alejandro aprovecha para ilustrar conceptos como: carácter, virtudes, éxito profesional, honor, bienes internos y externos, y muchos más. Parte de un caso, se sube a la teoría y regresa al caso. Es tratar de ver al ser humano, de manera más amplia que una visión economicista o mercadológica. Tiene “diálogos” con ciencias como la Ética, la medicina, la biología, los negocios, etc. Partiendo de una experiencia particular, trata de que los participantes saquen conclusiones sobre el caso.

 

Ahora bien, lo más interesante es que, debido al tema, todos los asistentes se sienten interpelados. O bueno, por lo menos nuestro grupo de 25 profesores, nos sentimos interpelados. Dándole vueltas a este asunto, creo que cada persona tiene su tiempo. Hay personas a los que este tiempo les llega a los 83 años, otro a los 50 (como otro caso que vimos de un personaje de esta edad), o quizá un poco más joven. Así que quizá no todo mundo se siente interpelado tan fuertemente. De cualquier forma, las anécdotas con las que Alejo va alimentando sus explicaciones teóricas, son verdaderamente impresionantes. Las omito para evitar decir algo fuera de contexto.

 

(Lamento que no aparezca el esquema…. este blogger cada vez me está fallando más y no he logrado arreglar el tema de las fotos)

Este esquema, que me gustó mucho, fue un caballito de batalla. Explica, con mucho fundamento cómo es más o menos la vida de una persona en diversos aspectos. Es una gran herramienta para ubicar a varios de los personajes que estudiamos.

 

Platicamos mucho del éxito y lo que se entiende por este concepto. Y la asociación del éxito con la felicidad, que en ocasiones tienden a confundirse. No profundizo en esto, pero el éxito puede ser parte de la felicidad, pero la felicidad es mucho más que el éxito.  Es interesante que el éxito inicia con un sueño de conseguir algo; ese sueño, mueve al afán de logro para alcanzar esos sueños; ese afán termina  en el éxito, en el reconocimiento externo. Y aquí empiezan los problemas, porque el que ya ha alcanzado el éxito deja de soñar, por lo que el afán de alcanzar se adormece, entran los miedos a los fallos, a la falta de audacia para seguir adelante… como decían los antiguos, la templanza engendra riqueza y la riqueza corrompe la templanza. O bien, el éxito mata a la audacia y a la esperanza.

 

Hago una digresión. Cuando empiezo a escribir, tengo algo en mente. Procuro que sean cosas cortas, y fácilmente leíbles. Pero luego, ya frente al teclado, estos empiezan a tomar rumbos sinuosos y no sé ni por donde seguir. Así me ha pasado a mí ahorita. Pensé sólo escribir sobre unas cosas, y me fui emocionando. No quiero explicar en pocas páginas las vivencias aprendidas en esta semana. Así que después de esta digresión voy a lo que quería escribir, que fue una de las cosas que más me gustó: lo que Alejo llama “el mal de altura”.

 

Habiendo platicado del éxito y una vez alcanzado este, vienen esos “males de altura”. Que son 5 cosas que habitualmente les sucede a los que llegan al éxito.

 

El primero es la vanidad: alcanzar la gloria, que termina siendo vana. Aquí Alejo dijo que la vanidad tenía 8 hijitas… y luego ya no nos las mencionó… espero preguntarle pronto.

 

El segundo mal de altura es la presunción. ¿Quién es el presumido? El que se propone algo que supera su capacidad. Y esto pasa con frecuencia a quienes han obtenido el éxito: quieren seguirle demostrando a alguien que pueden proponerse cosas para las que no tienen la capacidad de alcanzarlas.

 

El tercer mal de altura es la ambición, principalmente de querer el reconocimiento. El honor es el bien externo de mayor valor. Por eso es difícil de arrancar.

 

El cuarto mal de altura es tétrico, ya que es la pusilanimidad. Digo tétrico, porque para llegar al éxito se requiere ser anti-pusilánime, es decir, se debe ser audaz. Y resulta que una vez alcanzado el éxito, ya no se lanzan ni arriesgan, para no perder la posición obtenida.

 

La soberbia es el quinto mal de altura. Es la madre de todos los vicios. Es un afán desmedido de grandeza y suele acompañar al éxito.

 

Estos son los males de altura. Quizá no se le presentan a todos los exitosos de la misma manera; pero más de alguno les puede atacar. Ahhhh… y no vale pensar que los que están leyendo este post no son personas exitosas. Pienso que el éxito es tan relativo y subjetivo, que cualquier persona puede pensar que es exitosa, a pesar de que sus méritos no sean lo suficientes como para que otros -desde fuera- puedan decirle que sí es exitosa. A veces nuestros éxitos son lograr meter un gol en un partido de barrio; o terminar una carrera universitaria con más o menos buenas calificaciones; o saber manejar adecuadamente un software o una aplicación… lo que quiero decir es que el éxito y sus males pueden estarnos acompañando y no nos hemos dado cuenta (quizá sí nos demos cuenta de nuestro maravilloso éxito -aunque éste sea miserable-; lo que es más difícil de ver son los males de altura que vienen con él).

 

Ya me alargué mas de lo debido. Al terminar de ver esto, quedan ganas de seguir profundizando en estos temas. Alejo es de las pocas personas que ha profundizado en estos temas, teniendo una estructura mental que le ayuda a ordenar y concatenar las ideas, conceptos y experiencias. Ha tratado de difundir estas ideas por muchos lugares del mundo, porque los problemas de las empresas son las personas; y cuando los problemas no son las personas, entonces son las personas. Todo se centra en la persona y lo que rodea a esta, de manera principal la familia (eso no lo menciona como mal de altura, pero es muy frecuente la concurrencia del éxito con problemas familiares).  Tiene un programa que da en el IPADE que se llama “El Director como persona”, que, por lo que sé, ha tenido lleno total las veces que se ha abierto. Ojalá que pronto lo pueda dar de manera virtual, ya que de alguna manera ayudaría a difundir estas ideas y conceptos.

 

Platicando con otro colega, me decía que lo único que nos preocupa es que Alejo no pueda hacer un grupo de discípulos que puedan seguir sus pasos, tanto en la investigación como en la docencia. Hay algunos que le están siguiendo y apoyando mucho, y ojalá puedan llegar a manejar los temas como lo hace Alejandro.

 

Muchas gracias, Alejo. Platicamos mañana.