La trampa de las bóvedas de Gringotts

Mi jefe Beto, después de leer mi post anterior El dinero solo tiene sentido si circula, me hizo un comentario al respecto.

¿Vale el dinero debajo del colchón? Pues para algunos individuos sí; les da seguridad tener el dinero allí.

Es claro que quien guarda dinero bajo el colchón busca seguridad. Lo que yo trataba de hacer ver es que ese dinero, allí guardado, no circula, no se mueve, no genera fuentes de trabajo, no hace inversiones.

Sencillamente… no se pierde. Pero tampoco hace nada.

Harry Potter (HP)

Corría el año 2000 cuando mi buen amigo Mario Zavala, en un almuerzo, habló de Harry Potter, que empezaba a estar muy de moda. De hecho, ya estaban publicados los tres primeros libros, y en pocos días se publicaría el tan esperado cuarto tomo.

Yo viajaba a la República Oriental del Uruguay vía Miami-Sao Paulo- Montevideo. Durante mi escala en Miami me fui a una librería y me compré el primer tomo de la serie de J.K. Rowling: Harry Potter y la piedra filosofal. No quise comprar los otros dos tomos porque pensé que, si no me gustaba, perdería dinero.

Como el vuelo de Miami a Sao Paulo era más largo que la lectura del libro, me arrepentí de no haber comprado los otros tomos.

Por azares del destino aterrizamos en Ezeiza en la Argentina. Lo que hice primero fue comprar los tomos dos y tres de HP.

Así que los tomos dos y tres de HP los tengo con traducción argentina: remera, panceta, pomelo…

El banco de HP

Quienes han leído esta serie, se habrá dado cuenta de que el mundo mágico se ha quedado atrás en muchas cosas con relación a nuestro mundo muggle, ya que la ropa que usan no tiene tanta variedad como la nuestra, no tienen electricidad y todo lo alumbran con candelas o antorchas; es más la electricidad y lo electrónico no funciona en los lugares mágicos.

Y en cuanto dinero, todavía siguen usando monedas y no tienen papel moneda, que facilita mucho el intercambio.

Un galeón (de oro), un Sickle (de plata) y un Knut (de bronce) son las monedas con las que hacen las transacciones en el mundo mágico.

Si no hay papel moneda, tampoco tendrán cheques, o tarjetas de crédito o débito, o cajeros automáticos, transferencias electrónicas, etc. Por lo que el tema transaccional se hace más difícil que cuando tienes las herramientas que los humildes muggles tenemos.

Además, hay un detalle interesante: la banca no está manejada por magos, sino por duendes. Y el dinero está bajo tierra. Guardado, custodiado y defendido por los feroces duendes que se ayudan también de dragones que queman a quien se atreviese a robar una bóveda.

En las profundidades del banco Gringotts Wizarding hay cámaras inmensas llenas de oro, cerradas con puertas imposibles, protegidas por criaturas que nadie en su sano juicio querría desafiar.

Todo muy seguro.
Todo muy impresionante.
Todo… perfectamente inútil.

Porque el dinero encerrado en una bóveda es, en esencia, dinero que no se está moviendo, no está generando nada.

Nunca he entendido cómo funciona una banca así.

Tener no es usar

Está claro que una bóveda cumple una función: proteger.

Muchas personas tienen una cajilla de seguridad en un banco. De hecho, son las clásicas que roban los ladrones en las películas, porque allí se guardan cosas que hay que cuidar especialmente.

Es raro que en una cajilla de seguridad -o en una caja fuerte de una casa- se mantenga mucho dinero en efectivo. No tendría mucho sentido mantener grandes cantidades de efectivo allí.

Tener el dinero en una bóveda, que hace de protección, tiene un costo invisible: la inmovilidad.

El oro -el dinero en general- que no circula no alimenta, no educa, no construye, no conecta.
Simplemente espera.

Y la pregunta incómoda aparece sola:
¿Para qué sirve lo que no entra en relación con nadie?

Mi visita a una bóveda

Como me sucede siempre que escribo, me van saliendo recuerdos o ideas. Por eso Leonel, me dijo recientemente que no me lee porque son muy largos mis posts.

Pero bueno, escribiendo esto me recordé la única vez que he estado en una bóveda bancaria. Debió haber sido por el año 1991 ó 1992.

Nos invitaron a conocer la bóveda del Banco de Guatemala, el Banco Central del país.

La cosa es que fuimos a la bóveda, con mucha seguridad, con cámaras (que no eran tan frecuentes en esa época) y nos dimos una vuelta por todo el piso.

Solo pudimos entrar a la bóveda de los billetes, porque la bóveda del oro -y artículos valiosos- estaban en auditoría.

Nunca había visto tantos billetes juntos: quetzales y dólares en estantes. Fue algo impresionante.

Esos billetes estaban destinados a enviarse a los bancos comerciales para hacerlos circular por todo el país.

El valor vive en el intercambio

Vuelvo a la idea central.

El dinero nació como medio de intercambio.
No como fin. No como trofeo. No como símbolo estático.

Su primer sentido aparece cuando cambia de manos, cuando facilita acuerdos, cuando permite que algo ocurra que antes no podía ocurrir.

Encerrarlo indefinidamente es, en cierto modo, negarle su vocación.

Es como tener palabras y no hablar.
Como tener ideas y no compartirlas.
Como tener afecto y no expresarlo
.

La ilusión de seguridad

Las bóvedas prometen tranquilidad:
Está seguro. Está protegido. Nadie lo tocará. Similar al colchón, pero con más seguridad.

Y es verdad.
Pero también es verdad que, mientras tanto, nadie se beneficiará de ello.

La seguridad absoluta tiene un efecto secundario:
la esterilidad.

Porque todo lo que está completamente protegido…
también está completamente aislado.

Acumular vs. activar

Hay una diferencia profunda entre acumular y activar.

  • Acumular mira al pasado: lo que ya tengo.
  • Activar mira al futuro: lo que puedo generar con esto.

Las bóvedas son templos de acumulación.

Las bóvedas tienen sentido para quien solo quiere acumular

La vida real, en cambio, es un sistema de activación constante.

Lo que no se activa, se apaga.

Salir de la bóveda

Seguro que el 99% de los que se dignen leer este post no tenemos ninguna bóveda. Quizá una buena parte sí tendrá alguna cajilla de seguridad en un banco o una caja fuerte o caja de caudales en su casa.

Pero el problema no son las bóvedas.

Quizá el problema es cuando yo decido vivir como si fuera una bóveda. Eso sí es serio.

Guardando capacidades que no usamos.
Reservando tiempo que no compartimos.
Protegiendo talentos que no ponemos en juego.

Regresamos a la idea base:
la mayor riqueza no es lo que está a salvo…
sino lo que está en circulación.

Unas preguntas para terminar

Si tuvieras acceso a una bóveda llena de oro,
¿qué harías con ella?

¿La cerrarías mejor…
o empezarías a abrirla?

¿Cómo es la bóveda de tus capacidades no compartidas?