Termina 2025. Un año jubilar peregrinos de la esperanza. Termina este año y nos queda la esperanza.
Hay un clásico dicho que dice que la esperanza es lo último que se pierde. Nunca me ha gustado este dicho, porque puede dejar a la gran virtud de la esperanza restringida a cosas in extremis, cuando es la virtud que nos mueve a confiar en que Dios ha cuidado, cuida y cuidará de nosotros, de cara al bien que desea para nosotros.
Por si hay alguien que exija una definición de la virtud, aquí dejo dos: la primera es la que da la IA:
“La virtud de la esperanza es una cualidad que nos impulsa a buscar un bien futuro, como la vida eterna, confiando plenamente en Dios y en sus promesas, no en nuestras propias fuerzas, siendo una virtud teologal activa que nos da fuerza para perseverar, enfrentar dificultades y mantener el optimismo, incluso en la incertidumbre, transformando el mal en bien a través de la fe y la gracia divina, no como una ilusión, sino como una certeza en el amor de Dios que nunca falla.”.
La segunda definición es de la RAE: “f. Rel. En el cristianismo, virtud teologal por la que se espera que Dios otorgue los bienes que ha prometido”.

Esperanza no para que todo vaya bien, porque así no es la vida. De hecho, este año que termina habrá tenido muchos momentos en los que nos fue mal o no tan bien como hubiéramos querido. Y por supuesto que hubo cosas que nos fue bien o excelentemente bien. Así será 2026.
Para poder ver hace falta la luz. También el exceso de luz impide la vista, por eso, donde hay luz ha de haber sombra. La esperanza es como esa luz para que podamos ver en toda nuestra vida a Dios, quien está allí cuidándonos y usando aquellos eventos para que nos preparemos para el Cielo. Es una luz que alumbra con confianza en medio del claroscuro de la fe.
2025 habrá sido un año de muchas alegrías, incluso a nivel de milagros (tengo uno muy cercano), donde la alegría se convierte (convertuntur dirían los antiguos) en agradecimiento. Demos gracias a Dios por todas las alegrías que nos dio el año que termina.
Habremos tenido tristezas, enojos, dificultades, fracasos, enfermedades, muertes de personas cercanas y muy queridas. Esas son las sombras de la vida que permiten ver.
Demos gracias a Dios por todo. Pidámosle al Señor la gracia para sobrellevar esto que nos pasó y nos hizo sufrir. Y que sepamos que eso nos ayudará para caminar hacia el cielo.
Tendremos que pedir perdón a las personas que ofendimos -a sabiendas o sin saber-. Y pedirle perdón a ese Niño Jesús que acaba de nacer en Belén.
El año 2026 tendrá la misma tónica. Cosas buenas y cosas malas. Alegrías y sufrimientos.
Dios estará con nosotros. También nuestros seres queridos, (cónyuge, hermanas, hermanos, hijos, hijas, sobrinos, amigos, etc.) estarán allí para nosotros. Y nosotros para ellos.
Y esto se puede resumir en una frase que enseñaba el Beato Álvaro del Portillo: Señor, gracias, perdón y ayúdame más.
Creo que es una frase que resume lo que debe ser el año 2025 y que pueda ser nuestra guía para el año 2026.
Por último, me gustaría recomendarte rezar (o cantar) aquel maravilloso himno que data del siglo IV o V. Me refiero al Te Deum. Que por si no lo puedes buscar, te lo dejo aquí abajo.
PS1
Te Deum
(Se puede rezar alternadamente)
1. A Ti, oh Dios, te alabamos; a Ti, Señor, te reconocemos.
2. A Ti, Eterno Padre, te venera toda la creación.
3. Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
4. Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
5. Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios del Universo.
6. Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
7. A Ti te ensalza el glorioso coro de los Apóstoles,
8. A Ti te ensalza la multitud admirable de los Profetas,
9. A Ti te ensalza el blanco ejército de los Mártires.
10. A Ti la Iglesia Santa extendida por toda la tierra, te proclama:
11. Padre de inmensa majestad,
12. Hijo único y verdadero, digno de adoración,
13. Espíritu Santo Paráclito.
14. Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
15. Tú eres el Hijo único del Padre.
16. Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana, sin desdeñar el seno de la Virgen.
17. Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el Reino del Cielo.
18. Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.
19. Creemos que un día has de venir como Juez.
20. Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa Sangre.
21. Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus Santos.
22. Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
23. Sé su Pastor y ensálzalo eternamente.
24.Día tras día te bendecimos.
25.Y alabamos tu Nombre para siempre, por eternidad de eternidades.
26. Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
27. Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
28. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti.
29. En Ti, Señor, confié, no me vea defraudado para siempre.
V. Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres.
R. Y digno de alabanza, y glorioso por lo siglos.
V. Bendigamos al Padre, y al Hijo con el Espíritu Santo.
R. Alabémosle y ensalcémosle sobre todas las cosas por los siglos.
V. Bendito eres Señor en lo más alto del cielo.
R. Y digno de alabanza, y glorioso y ensalzado por todos los siglos.
V. Bendice, alma mía, al Señor.
R. Y nunca olvides sus muchos beneficios.
V. Señor, escucha mi oración.
R.Y llegue a Ti mi clamor.
Oración
Oh Dios, cuya misericordia es infinita e inagotable la bondad, damos gracias a tu divina Majestad, por los bienes que hemos recibido, implorando siempre tu clemencia, para que no abandonando a aquellos a quienes concedes lo que te piden, los dispongas para recibir las recompensas eternas.
Oh Dios, que has instruido los corazones de los fieles con la luz del Espíritu Santo, concédenos según el mismo Espíritu conocer las cosas rectas y gozar siempre de sus divinos consuelos.
Oh Dios, que no permites sea afligido en demasía cualquiera que en Ti espera, sino que atiendes piadoso a nuestras súplicas: te damos gracias por haber aceptado nuestras peticiones y votos, suplicándote piadosísimamente que merezcamos vernos libres de toda adversidad. Por nuestro Señor Jesucristo…
R. Amén.


