En el post anterior platicábamos de que somos seres relacionales y limitados. Dicho en otras palabras, tenemos una finitud constitutiva.
Impresión
Durante varios años, para Navidad me conseguía, de una u otra manera, el Libro de los Récords Guinness . Y me los leía de cabo a rabo.
Mucho de lo que leía allí era impresionante.
Había algunos récords que no solo eran impresionantes, sino que me causaban un nivel de admiración. Admiración, no del récord, sino de la (s) persona (s) que lo conseguían.
Pensando esto, encontré una distinción entre ‘ser impresionado’ y ‘admirar algo o a alguien’.
La impresión es casi un acto reflejo ante la habilidad de una persona de hacer algo determinado.
Admiración
La admiración es quizá un proceso más intelectual, más de conocimiento y de reconocimiento de alguien.
Se podría decir que la admiración es una respuesta interna de una persona ante algo que percibe como valioso en sí mismo: coherencia, carácter, sacrificio, excelencia sostenida en el tiempo.
La admiración es un acto de decisión, por la que yo decido admirar a alguien.
Muchas veces alguien nos impresiona, y luego la empezamos a admirar, a medida que la vamos conociendo. Otras veces nos impresiona y luego, por distintas razones, no la llegamos a admirar.
De alguna manera, la impresión puede ser un elemento, un momento previo de la admiración.
Me encontré una tabla que quizá podría ayudarte a distinguir entre ser impresionado y admirar a alguien.
| Ser impresionado | Admirar a alguien |
| Más inmediato y superficial | Más profundo y duradero |
| Me impresiona cuando lo veo actuar | Lo admiro, aunque no lo vea |
| Es a corto plazo: reacción a algo llamativo | Es más, a largo plazo: implica reconocer el valor genuino de alguien |
| No se convierte en referente | Se convierte en referente |
| Es una reacción ‘automática’ | Es una reacción proveniente de un juicio |
| Es la persona la que nos impresiona | Soy yo el que decido admirar a alguien |
Quizá la diferencia más clara es que la admiración es un acto de la voluntad, es una decisión, por la cual yo ‘escojo’ admirar a alguien.

Niveles de admiración
A poco que uno se dé cuenta, admira a muchas personas.
Se me ocurre que la admiración tiene distintos niveles. Porque no es lo mismo admirar a una persona que ha influido mucho en nuestra vida que a otra persona cuya influencia en nuestra vida ha sido mínima.
Dándole vueltas, he visto que hay esos niveles de admiración, que obviamente no me siento capaz de clasificar, porque casi sería absurdo; de hecho, no existe un ‘admirómetro’ que nos marque ‘cuánto’ admiramos a alguien.
Sería cuantificar algo cualitativo, que siempre es “algo” difícil.
Dándole vueltas a estos conceptos, me percaté de que la admiración no sólo tiene niveles, sino que también tiene límites.
Es decir, cuando uno admira a una persona, ordinariamente no la admira de manera absoluta. Pensaría que lo prudente sería admirar a la persona en los ámbitos correspondientes a sus capacidades, habilidades, fortalezas.
Pasa en nuestra época que se tiende a absolutizar la admiración. A veces se admira a alguien en un ámbito -deportivo, en las artes, la ciencia, etc.- y luego ya se ve cómo el referente en todos los ámbitos.
Viviendo en un mundo que tiende al relativismo, absolutizamos algunas cosas.
Siempre me ha llamado la atención cuando un deportista manifiesta sus ideas políticas o sociales. En mi caso, si admiro a esa persona en el ámbito deportivo, mi admiración se limita a eso.
Porque, además, en ocasiones, la persona que admiramos en un ámbito, resulta ser una persona nada admirable en otro ámbito.
Admiración en ambos sentidos
Hace poco me decía una persona (llamémosle Paco) que él no podía aportarle nada a una persona (llamémosle Hugo). Según decía Paco, Hugo tenía muchas cualidades y virtudes que le hacían muy admirable, y que Paco no podría aportarle nada a Hugo.
Según me contaban, Hugo le dijo a Paco: “oye, yo te admiro también. Y eres parte importante de mi actuar diario. He aprendido mucho de ti: en esto, en aquello, en lo de más allá. Así que no andes diciendo que no me aportas nada”. Me terminaron diciendo que Paco se había quedado muy contento con lo que le dijo Hugo.
Y esto viene a cuento de una frase que leí hace muchos años y que más o menos dice así: “cualquier persona es mejor que tú en por lo menos algún aspecto”.
Está claro que una figura pública a la que admiramos, nunca nos podrá admirar a nosotros por la sencilla razón de que no nos conoce.
Pero a la gente con la que convivimos habitualmente también son dignos de admiración, y quizá ellos nos admiran también.
Siempre que llega alguien nuevo a algún lugar, vas descubriendo sus cualidades y abres la boca con la facilidad con la que hacen algo.
Ejemplos
Mientras escribo esto, empiezan a venirme a la cabeza ejemplos de admiración “sencilla” de personas que podrían pensar en que no aportarían nada a los demás (cosa que no es cierta).
Tengo la suerte de convivir con profesores y directivos del IPADE. Con frecuencia desayuno y almuerzo (comida) con ellos, y los vas conociendo cada vez más, y descubres lo siguiente:
- Hay una directiva que tiene la capacidad de hablar al revés… es increíble y te deja estupefacto: “otcafeputse ajed et y elbíercni se”.
- Conoces a un profesor que sabe todo de los Beatles (del que he aprendido mucho).
- Otro que sabe todo sobre el Camino de Santiago.
- Uno que lee por lo menos 52 libros al año.
- Uno a quien le puedes pedir que te analice qué carro conviene comprar, porque sabe todo de ellos.
- O aquel que es “piloto frustrado” de avión, por lo que conoce también todo respecto a lo aéreo.
- A aquel que hasta ha ganado concursos de información futbolística.
- O aquella que tiene una capacidad de gestión increíble y sabe organizar todo.
- Aquel trabajador incansable, que no “luce” pero que aporta grandes cosas al Instituto.
- O aquel que tiene una gran capacidad de hacer amigos.
Y así podría continuar, pero seguro te salteaste algunos de los ejemplos que puse, así que sólo dejo en esos 10 ejemplos.
Quizá una actitud que podríamos tener siempre es la capacidad de aprender de cualquier persona. Desde una cosa que podría aparecer importante hasta la forma de trabajar que puedes imitar.
Así me pasó una vez con un colega. Me citó para ver una cosa que habíamos trabajado juntos. Cuando terminamos salí avergonzado de mi poca profesionalidad comparada a la de él: me dejo anonadado de lo bien que hacía su trabajo.
Admirar por admirar quizá no sea tan útil para cada uno. Pero admirar para aprender y mejorar quizá sea algo bueno para todos.
Ese “constatar” que no sabemos todo, y que se podrían llenar muchas bibliotecas con lo que no sabemos.
De alguna forma, la persona a la que admiramos ha dejado algo en nuestras vidas. Una huella que podrá ser más grande o pequeña, pero a fin de cuentas, nos ha marcado.
Gracias por existir
Y cuando uno ve a esas personas a las que admira, sale espontánea aquella frase de “gracias por existir”.
La primera vez que la oí, me molestó, porque me pareció una falta de respeto.
Pero luego le metí cabeza y es un gran piropo, una forma de agradecer lo que aquella persona nos ha influido, marcado, dado ejemplo…



