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Intuición

Hace pocos días tuve que estudiar más a fondo lo que en toma de decisiones se llaman “decisiones intuitivas” o simplemente, intuición. Me recordé que había escrito un post sobre algo relacionado con esto, y lo volví a leer. Por supuesto que estudié muchas cosas más, para conseguir una idea clara de este concepto.

Siempre que tienes una opinión sobre algo, es difícil desarraigarla. Y yo tenía una opinión sobre la intuición un poco distinta a la que ahora tengo.

De hecho, una de las cosas que leí y traté de pensar más, fue que, para cambiar de opinión, no bastan los “datos duros”, la información objetiva, etc.

Porque una opinión no sólo es algo intelectual, sino que el ser humano, también pone sentimiento de su parte. Así que sólo se puede cambiar de opinión si hay una parte sentimental en juego.

Además, que cuando uno tiene una opinión, ésta casi siempre está marcada por una decisión… o, dicho de otra forma, para poder tomar una decisión hace falta una opinión.

Intuición

Pero bueno, regresando a la intuición, logré hacerme claro con el concepto (bueno, eso espero). Es una opinión instantánea, que casi siempre lleva a la acción.

Es un juicio rápido que se traduce, casi siempre, en una decisión, que como toda buena decisión, lleva a la acción, al actuar.

La intuición se genera como consecuencia deexperiencias pasadas.

Cuando logré conectar estas dos ideas, me emocioné… y fue necesario que así fuera, para poder cambiar mi opinión sobre la intuición.  Antes la tenía “ninguneada”, pero ahora pienso que tiene validez, aunque con ciertos matices.

Cuando uno se mueve para tomar una decisión; o cuando se origina el movimiento hacia la acción directiva, éste procede mediante tres momentos: el diagnóstico, la decisión y el mando.

No es que sean tres momentos claramente diferenciados, sino que son tres momentos que se “confunden” dentro de la actuación de la persona. De hecho, he escrito bastantes posts sobre esto. Dejo aquí dos que pueden ser útiles de referencia.

Las decisiones intuitivas son decisiones rápidas y frugales y se ejecutan desde el inconsciente. Allí donde se forjan las experiencias de las personas que hemos conocido, de lo que sabemos y de lo que los otros nos han contado. Ah, por supuesto, que también de lo que hemos vivido y experimentado.

Por lo tanto, construimos una opinión.

Cuando se nos presenta una situación determinada, de alguna manera “podemos llamar” a nuestro inconsciente una experiencia pretérita sobre algo similar…. Y a actuar en consecuencia.

De hecho, la intuición y el raciocinio son dos modos distintos de conocer y de juzgar una situación.

La intuición juzga si un modo de actuar es adecuado o no. Y -considero esto muy importante- tienen una gran carga emotiva. Que conlleva el peligro de caer en el sentimentalismo, que es un defecto en la toma de decisiones que consiste en que la inteligencia no diagnostica, no analiza, adecuadamente una situación externa (y su concomitante situación interna), sino que sólo se deja llevar por los conocimientos sensibles de las emociones.

La intuición, cuando toma decisiones, no puede dar razones o motivos del por qué tomó esa decisión. Si pudiera darlos, dejaría de ser una decisión intuitiva.

Intuición como Sospecha o juicio experimentado

Un colega del IESE, Miguel Angel Ariño, me dio unas luces en uno de sus breves post sobre el tema.

Ariño habla de que la intuición tiene como dos aspectos: la sospecha y el juicio experimentado.

Ante una situación, una persona puede acudir a esa experiencia asentada en el inconsciente, y desde ahí tomar una decisión.

Por un lado, el Juicio del experto puede ser una gran cosa. Alguien con muchos años de experiencia (no olvidemos que la experiencia se refiere a situaciones del pasado) puede fácilmente identificar algún patrón que le lleve a juzgar adecuadamente una situación de un golpe de vista.

Recuerdo una anécdota, con un médico. Llega un paciente y le dice al doctor: “estoy muy mal de la función digestiva”. El médico, diagnostica y le da la solución a su paciente sin auscultarlo: “rasúrese el bigote” le suelta a bocajarro. El paciente, estupefacto, le dice: “¿Sólo eso? ¿Qué me rasure el bigote?”. El médico, confirma el diagnóstico y la solución al problema. El paciente, obedientemente, se rasura el bigote y deja de tener problemas gástricos.

¿Qué había pasado? Pues el médico vio que el paciente tenía bigote muy oscuro; fácilmente se dio cuenta que era un bigote pintado. El médico sabía, por experiencias anteriores, que el tinte fácilmente se ingiere con la comida o bebida, y provoca problemas en el estómago. Así que, voilà, quítese el bigote.

(Creo que no le dijo que dejara de entintarse el bigote, porque casi siempre a los que se entintan el cabello o el bigote, no les gusta reconocerlo…)

El Juicio experimentado, como aspecto de la intuición requiere precisamente ser experto; es un juicio de alguien experto, que, con una sola vista, se hace cargo de la situación.  Sabe cómo actuar porque es un conocimiento acumulado e implícito, que permite ahorrarse razonamientos.

Mi amigo Víctor Gordoa padre, me contaba -cuando trabajaba en Televisa- que había encontrado una forma de juzgar a los artistas y, a priori, podía decir si iban a tener o no éxito. Con un porcentaje de acierto muy grande.

Años después logró transformar ese conocimiento intuitivo en una “ciencia o técnica” (no sé cómo llamarla).

Dejó por lo tanto de ser conocimiento intuitivo para ser un conocimiento racional. Aunque, este conocimiento racional puede formar un conocimiento intuitivo, para hacer esos juicios que hacía Víctor hace varias décadas.

Pero esto, puede ser peligroso y quizá no conviene hacerlo siempre. Quizá porque no somos expertos en algún tema o porque actuar de manera rápida y arrebatada, nos puede acarrear muchos problemas.

Es claro que no me refiero aquí a decisiones que tenemos que tomar ya o ya… sino a decisiones en las que tenemos más tiempo para hacerlo.

Así que aparece la siguiente faceta de la intuición: la sospecha.

Esta nos pasa a todos: sospechamos que algo puede ir por un camino determinado. Y entonces, conviene pensarlo despacio; de alguna manera, es dejar la intuición para usar el pensamiento, el raciocinio.

Es decir, la intuición es generadora de alternativas. Y éstas son la materia prima de la toma de decisiones.

La intuición, en su vertiente de sospecha, es la propia de los creativos, de los innovadores. Trataré de escribir un poco sobre esto, especialmente para prepararme a una conversación con mi querido colega y amigo Miguel, quien es profesor de creatividad.

En resumen. Tomamos decisiones intuitivas. Mi sugerencia, tengamos cuidado con esos juicios previos que hace la intuición: a veces pueden ser demasiado engañosos.

Y conviene que las ideas intuitivas que se nos ocurran nos sirvan para generar alternativas para resolver los problemas a los que nos enfrentamos.

Nos vemos pronto. Me queda por escribir algo sobre la intuición, experiencia y creatividad.